OESTE GALLARDO
ARCHIVO DE CÁCERES A SALVO
UNA GRAN NOTICIA PARA EL PATRIMONIO DOCUMENTAL
Las autoridades competentes han renunciado al proyecto de traslado de documentos del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña y queremos felicitarles por esa decisión, que consideramos muy acertada. No sabemos si nuestras peticiones han influido en ese cambio, pero eso no importa. Lo verdaderamente importante es que los fondos, ese tesoro documental de siglos de existencia, van a seguir tranquilos y pueden ser consultados en un lugar que reúne las condiciones idóneas para su conservación.
Quienes formamos parte de la sociedad civil, integrados en asociaciones que tienen por objeto la defensa del patrimonio artístico y documental, estamos obligados a manifestar nuestra opinión, colaborando así con quienes toman las decisiones, para que las conclusiones sean las más oportunas.
En este caso, la Asociación de Archiveros de Extremadura dio la voz de alarma (que recogí en un artículo de “Plaza Mayor” en el diario HOY) y en la asociación “Torres de Cáceres” nos unimos a esta advertencia elaborando una nota de prensa que, aunque no ha sido publicada en su integridad, ha servido de apoyo para llegar al acuerdo que consideramos acertado. Reproduzco a continuación, para conocimiento de los bibliófilos el contenido íntegro de dicha nota:
“La Asociación Cultural Torres de Cáceres, a través de su Junta Directiva, desea expresar su oposición al traslado del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña. La Asociación lo considera improcedente, inadecuado, innecesario e inoportuno. Por las siguientes razones:
- Según la Asociación de Archiveros de Extremadura, formada por quienes son técnicos especialistas en la materia, el lugar donde se encuentra es adecuado por el espacio de que dispone y las condiciones de temperatura y humedad que son necesarias para la conservación de estos documentos, de valor incalculable. Es improcedente el traslado.
- Así pues, sería necesario reproducir estas condiciones en el antiguo hospital, lo que supondría un desembolso importante para la adecuación de los espacios de destino. Es inadecuado el traslado.
- El desplazamiento tendría que ser realizado por una empresa especializada, lo cual implicaría un elevado coste material, y un riesgo de pérdida, deterioro o destrucción de valiosos e insustituibles documentos. Es arriesgado e innecesario el traslado.
- En las condiciones que estamos viviendo de la pandemia, con necesidades sociales y sanitarias urgentes e importantes, realizar este gasto es rotundamente inoportuno.
Si el Palacio de los Toledo-Moctezuma fue adaptado y ampliado, hace escasamente tres décadas, para custodiar, conservar y consultar una buena parte del patrimonio documental de la provincia de Cáceres y dicho edificio viene cumpliendo satisfactoriamente estas funciones, no se entiende que la Junta de Extremadura pretenda vaciarlo de este cometido. Desplazar el Archivo a un espacio que de momento no cumple en absoluto con las exigencias técnicas que requiere la delicada documentación histórica, ocasionando a su vez graves perjuicios temporales a sus usuarios, hace más incomprensible aún esta decisión de la Junta.
Por consiguiente, solicitamos a las autoridades competentes que reconsideren este proyecto de traslado por el bien del patrimonio histórico de Cáceres y su provincia, cuya protección es uno de los fines principales de nuestra Asociación Torres de Cáceres”.
Al final, creo que ha habido “razones de peso” para modificar la decisión, puesto que habría que reforzar las estructuras del antiguo hospital para que pudieran soportar el peso de los legajos.
Como conclusión, queremos expresar nuestra disposición a seguir colaborando por el bien de nuestro patrimonio artístico y documental.
Antonio Bueno Flores.
Secretario de “Torres de Cáceres”
EN BUSCA DEL FUERO PERDIDO DE BADAJOZ
A la ciudad de Badajoz durante el S.XIII y el S.XIV se le otorgaron dos fueros para su ordenamiento jurídico: el Fuero breve emitido por Alfonso IX cerca de 1230 y el Fuero extenso, otorgado por Alfonso XI alrededor de 1320, obras esenciales para el conocimiento del origen de la ciudad en su época moderna, y hoy desgraciadamente perdidas. Se sabe, sin embargo, de su existencia real, aunque las fuentes que nos acercan a estos Fueros son siempre indirectas.
Vicente Barrantes, en su Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, menciona el Fuero dado en Badajoz por Alfonso IX, del que parece ser existieron abundantes copias a mano escritas con caracteres góticos que él no vio. Afirma que Rodrigo Dosma tuvo un ejemplar, noticia confirmada por el propio Dosma en sus Discursos Patrios de la Ciudad de Badajoz. También menciona Barrantes la “Letra para el obispo de Badajoz, en la cual se declaran los fueros antiguos de Badajoz, escrita en Valladolid a 20 de Abril de 1526 por Fray Antonio de Guevara, predicador de Carlos V y obispo de Mondoñedo”. Esta carta dirigida al obispo de Badajoz, el innominado Jerónimo Suárez, explica la existencia de un fuero otorgado por Alfonso XI casi un siglo más tarde del primero, documento que Guevara afirma haber tenido y cuyo contenido copia en una de sus Epístolas familiares (Zaragoza, Pedro Bernuz, 1543). Rodrigo Dosma, a pesar de ser coetáneo de Guevara, nunca creyó en la existencia del Fuero de Alfonso XI que el Obispo afirmaba tener en su Biblioteca. Vicente Barrantes, sin embargo, considera que si hubiera sido una historia fingida, el escándalo en la época no habría pasado desapercibido a una persona como Dosma, y las noticias sobre su falsedad hubieran sido absolutamente claras.
Se ha escrito mucho sobre esta epístola, y siempre se ha puesto en duda la existencia de este Fuero nunca antes mencionado por historiador alguno, pero nosotros, como Barrantes, creemos que existió realmente. Fuera como fuese el encuentro de Guevara con el códice, fue este un hallazgo prodigioso, y ahí radica el origen de nuestra búsqueda. Nuestro punto de partida fue la biblioteca de Antonio de Guevara. El obispo de Mondoñedo tenía su residencia habitual en el Convento de San Francisco, en Valladolid, y es allí donde tenía depositados sus libros. Tras su muerte dejó expreso deseo de que sus libros y papeles se conservasen en el Convento. Fue el guardián del convento, fray Juan de Guinea, quien se encargó de la distribución de los libros de Guevara; los libros y manuscritos pasaron a la biblioteca del convento, mientras que los documentos históricos fueron entregados al secretario de Carlos V, Francisco de Ledesma. Pero no todos los papeles de Guevara se encontraban en el convento en el momento de su muerte o, al menos, no es seguro que estuvieran. Algunos documentos estaban en la diócesis en Mondoñedo y es posible que se encontraran de camino hacia Valladolid cuando sorprendió la muerte a fray Antonio de Guevara. Estos papeles, referentes a la diócesis gallega en su mayor parte, quedaron en poder del hermano del obispo, don Hernando de Guevara, quien hizo un inventario de los mismos y se los entregó al nuevo obispo, don Diego de Soto.
La biblioteca de Guevara en el convento de San Francisco pasó por muy diversos avatares a lo largo de su historia, hasta llegar al año 1836, cuando las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal afectaron de manera notable al patrimonio cultural y artístico eclesiástico. Los fondos del Convento de San Francisco pasaron al Colegio y Biblioteca de Santa Cruz de Valladolid. Los papeles del archivo procedentes del Convento de San Francisco pasaron al Archivo Histórico Nacional, a sección “Clero”.
Hemos indagado, también infructuosamente, en la Chancillería de Valladolid, el Archivo de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional y dado el gran volumen de documentos que guardan (120 km de estantes), aún no hemos perdido la esperanza de encontrar alguno, o los dos Fueros que fueron otorgados a la ciudad de Badajoz en los siglos XIII y XIV, por ello, siempre por donde pasamos dejamos señales e hitos de la búsqueda.
(Resumen de la conferencia pronunciada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, dentro del ciclo “Apuntes para la Historia de Badajoz”).
Joaquín González Manzanares.
ALDABADA
LA BIBLIOTECA DE YUSTE RECUPERADA PARA EXTREMADURA.
La biblioteca monástica de Yuste, recuperada para Extremadura
El pasado 22 de marzo el periódico HOY anunció, y laUBEx se hizo eco de la noticia, que la Junta de Extremadura recibirá de fondos europeos 500.000€ para financiar los trabajos de inventariado, catalogación y digitalización del fondo bibliográfico que los monjes Jerónimos custodiaron en el Monasterio de Yuste, desde el año 1958 (Centenario del Emperador) hasta el año 2010.
Por problemas internos, prácticamente desaparece la Orden Jerónima en Yuste, y los pocos que quedan se marchan con sus enseres al Monasterio del Parral en Segovia. La biblioteca monástica, integrada por unos 45.000 volúmenes, marcha a la sede madrileña de la Universidad Pontificia de Comillas, (con autorización de Patrimonio Nacional que gestiona el Monasterio y palacio de Carlos V desde 2004).
Para su catalogación y digitalización buscaron el patrocinio del Banco de Santander, pero la crisis económica hace inviable el proyecto y la Junta de Extremadura, muy sensible con el patrimonio bibliográfico extremeño, recuperó para Yuste la Biblioteca Monástica en el verano de 2019.
Acto de recepción de la biblioteca en Yuste. 18 Julio 2019. (Foto UBEx 2019).
Estos fondos proceden de tres colecciones, según el diario HOY: la de la biblioteca monástica (unos 29.000 volúmenes), el denominado fondo antiguo (unos 600 libros), y por último, los 15.000 títulos, aproximadamente, que donó Vicente de Cadenas y Vicent.
De la Biblioteca del Monasterio no podemos opinar porque desconocemos su procedencia y desde cuando están en Yuste, pero del legado de Cadenas sabemos que fue reclamada su devolución, por los herederos de Cadenas a los monjes Jerónimos y a Patrimonio Nacional. La donación fue a una institución pública que representara la memoria de Carlos V, y a reclamación no prosperó.
Vicente de Cadenas y Vicent (Madrid, 1915 -2005).
Bibliófilo, falangista, tradicionalista y genealogista, desde muy joven participó en el aparato de difusión de Falange por mandato del propio José Antonio Primo de Rivera. Estuvo en Alemania e Italia para aprender las técnicas de propaganda de masas. Pasadas las guerras civil de España y la II guerra mundial, fundó la Asociación de Hidalgos, y desde ahí creó una serie de instituciones vinculadas con los estudios genealógicos como el Instituto “Salazar y Castro” (C.S.I.C.), y como órgano de difusión la revista Hidalguía, con periodicidad bimestral desde 1953, y editora de libros relacionados con la genealogía, las órdenes militares y fueros.
El propio Cadenas tiene la autoría de varias docenas de libros (quince de ellos dedicados a Carlos V). En la bibliografía de su primer libro “Saco de Roma de 1527 por el ejército de Carlos V “. Revista Hidalguía, 1974 de 435 páginas, llama la atención al afirmar contundentemente que toda la bibliografía está en la biblioteca del autor, con más de 10.000 referencias relacionadas con la influencia y presencia de España en Italia, nos cuenta las vicisitudes y el largo camino que emprendió desde 1938 para estudiar la historia española en Italia, recorriendo y buscando por los archivos y libreros anticuarios de Italia, especialmente en Génova donde residía.
Incrementó su colección gracias a un librero de Nápoles que le ofreció un legado, de más de 3.000 folletos de otro bibliófilo fallecido al final del XIX. En plena II guerra mundial (1944), huyendo de las bombas, trasladó sus libros a un lugar más seguro “17 quintales embalados en grandes cajones” hasta la casa de unos primos de su futura mujer, en un pueblo perdido en los Apeninos toscanos, y en 1945 relata: “lo que los alemanes habían respetado durante siete meses, los cultísimos yanquis lo desbarataron en su primer día de ocupación, abriendo los cajones, destruyendo y quemando libros y apropiándose de una parte de ellos.” La mayoría destruidos y otros vendidos a bibliotecas americanas, algunos ejemplares, por casualidades de la vida, fueron posteriormente localizados, identificados y reclamados por su “ex libris”, pero no devueltos. Otros, por las gestiones diplomáticas del embajador de España en EEUU, le fueron indemnizados varios años después, como los más de 500 ejemplares adquiridos por la biblioteca de San Diego (California).
Como caballero define al librero anticuario de Florencia, que adquirió un lote para devolvérselo al ver su conocido “ex libris” de la colección Cadenas. Perdió con la guerra europea tres cuartas partes de su biblioteca particular, pero sus conocimientos y pasión libresca, ahora imparable, le permitió reconstruir y ampliar considerablemente su biblioteca y enviarla a España “compuesta por 53 cajones y que forman en la actualidad mi biblioteca sobre la denominación de España en Italia… a los que se unen cinco mil fotocopias de documentos, más de mil quinientas fotografías de retratos, y monumentos relacionados con el tema y unos veinticinco mil microfilms correspondientes a documentos italianos relativos a estos asuntos”.
Joaquín González Manzanares.
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA FERIA DE CAMPANARIO
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA FERIA DE CAMPANARIO
Corría el mes de febrero de 1752 cuando ejercía el cargo de Procurador Síndico del Común en Campanario, Bartolomé Rodríguez Chacón, o sea, el que representaba y defendía los intereses del pueblo ante el concejo —lo que hacía en Roma el Tribuno de la Plebe y, en la actualidad, en España y autonomías, el Defensor del Pueblo—. No sabemos si de iniciativa propia de sus funciones o acordado por algún grupo —que debió ser, en este caso, bastante numeroso— Rodríguez Chacón se dirigió al alcalde, Diego Sánchez Donoso, proponiéndole el cambio de lugar para la celebración de la feria de Gamitas a Piedraescrita, alegando:
Que desde tiempo inmemorial, se viene celebrando el segundo jueves de marzo un mercado o feria, en una finca de la Real Dehesa de la Serena, denominada Gamitas, próxima al Camino Real y a la cañada real Leonesa, situada en la confluencia de los ríos Zújar y Guadiana. La fecha de celebración, en los últimos días del Invierno, era frecuente que coincidiese con malos temporales y desbordes en los ríos y arroyos que con frecuencia impedían el paso de las barcas y el vadeo de los mismos que algunos cruzaban con gran riesgo de perecer ahogados.
A pesar de distar dos leguas de la villa de Campanario se halla en su jurisdicción por lo que tiene que asistir uno de los alcaldes ordinarios con vara alta de justicia acompañado de regidores, escribano y numerosas personas por contener y evitar excesos y tropelías que puede ocasionar la concurrencia que hay de crecido número de gente de diferentes villas y lugares. El lugar de celebración es un campo raso sin protección ni resguardo alguno, regularmente, “obligado por la destemplanza de los temporales, y a veces impedidos con la furia de dos crecidos ríos, no pueden venderse las mercancías, dicho señor alcalde con su séquito se ve obligado a retirarse o a no concurrir; experimentándose de esto (como se hallan sin la autoridad de justicia que los refrene) motines, pleitos y quimeras con las malas resultas de golpes y heridas muy peligrosas…”Ante estas evidencias, Bartolomé Rodríguez Chacón recuerda a los señores miembros del Concejo que en el sitio donde se halla la ermita de “nuestra Señora con el título de Piedra Scripta”(1) , a una legua escasa del pueblo, sería más conveniente la celebración de este mercado, pues en presencia de “tan celestial señora se serenarían y aplacarían los más enconados disturbios”. La dotación de portales servirá de cobijo para mercaderes, concurrentes y mercancías y se logrará “sosiego y quietud”. Estas y otras recomendaciones alegó el Síndico Bartolomé en su alegato para pedir el cambio de lugar de la feria de Gamitas a Piedraescrita.
La exposición hecha por el síndico era conocida de todos los componentes del Concejo y, “por ser cierta, púbica y notoria”, firmaron los señores don Diego Sánchez Donoso, don Pedro Díaz Horrillo, don Juan Antonio de Salcedo, don Juan Donoso Palomo, don Bartolomé Donoso Daza, don Juan Antonio González de Mendoza, don Joseph Valdivia y Mendoza y Francisco Gallego Barbudo, para que se haga presente a su Majestad. No era frecuente en este tiempo llegar a acuerdos unánimes en el consistorio, pues en los documentos se reflejan constantemente las disputas por nombramientos de cargos, de las familias Donoso, Salcedo y González de Mendoza. Entre unos u otros, estas familias, gobiernan en Campanario casi un siglo.
Por la cercanía de la celebración de la feria y no dar tiempo para que dé conformidad S.M., la primera se celebra sin autorización real. Mediante misivas se hace saber a todos los pueblos que solían concurrir y, con pregones, a los de Campanario. Una vez en la ermita, se comunica de viva voz a los mercaderes por el alcalde que respeten los precios sin alza y cese la venta al “caer el sol”. La procesión de la Sagrada Imagen se realizó alrededor de la ermita, cantando arias en las paradas y con gran contento de devotos y autoridades. Satisfecho debió quedar también el mayordomo que así lo manifestó emprendiendo, al año siguiente, la obra de la construcción del camarín. También se acuerda que esta feria, en algún tiempo, si no se celebrase en dicho “santo” lugar, se ejecute en la jurisdicción de “esta” villa, aunque sea “dentro del pueblo”. Quedaba abierta la opción de trasladarla a la población.
Ya en 1750, se había traído la imagen al pueblo para efectuar rogativas ante una pertinaz sequía e invasión de una plaga de langosta. De los 29 días que estuvo la Virgen en el pueblo llovió casi todos ellos y la plaga de langosta se contuvo. La alegría de los vecinos fue tal que lo celebraron con música de cuerda, tecla y boca, repique de campanas y fuegos.
En 1760 el ayuntamiento, a petición de los vecinos, decide que se traiga la Virgen al pueblo todos los años en la víspera del segundo jueves de marzo y se celebre su fiesta. Quedaba vinculada la feria con la traída de la Sagrada Imagen —“La Entrada”— como es conocida esta acción por todos los campanarienses.
Tres son las fiestas dedicadas por su pueblo a la patrona de la Serena: Romería el lunes de Pascua desde 1895, siendo cura regente don León Aguado y Palma, hasta esta fecha se celebraba el martes; Feria de Abril —antes el segundo jueves de marzo— y, desde 1955, el aniversario de su coronación canónica.
Si visitas Campanario, podrás ver en la arcada de la fachada del ayuntamiento una lápida de bronce, de 60 por 40 cms., regalo del ayuntamiento de Santiago de Chile, a instancias del erudito chileno, don José Toribio Medina y Zavala que, habiendo leído los trabajos de investigación del párroco, don Antonio Manzano Garías, sobre el origen de Pedro de Valdivia, se inclinaba por su nacimiento en Campanario. Fue inaugurado el 15 de marzo, segundo día de feria de 1932. Se descubrió la lápida que estaba oculta por la bandera nacional (republicana) y la chilena, a los acordes de La Marsellesa (2) . D. Antonio Manzano, artífice de estos logros, no fue invitado al acto.
El 7 de agosto de 1936, la imagen de la Virgen fue quemada junto a las demás de todas las iglesias del pueblo. En 1938 Campanario pueblo fue conquistado por las fuerzas franquistas, estableciéndose el frente en el santuario de Piedraescrita, por lo que no se le pudo rendir culto en su santuario hasta 1939. En el año 1940, el imaginero sevillano Rivera reproduce una nueva imagen tallada de madera de cedro, imitación de la primitiva. A partir de los años cuarenta, la feria se celebra los cuatro últimos días de abril. En el centro del pueblo en un principio, más tarde en el parque y, hoy día, a la salida de la carretera de Quintana de la Serena.
La Virgen de Piedraescrita, es patrona principal de la Serena, desde su coronación como tal en 1955, y patrona mundial de los epigrafistas, desde su nombramiento el 1 de septiembre de 1989 por la Kommission Fur Alte Geschite und Epigraphik des Deutschen Archaologischen Instirututs. Munchen. Así se lo comunica a don Pedro Morillo-Velarde Gómez, párroco de Campanario, en carta el profesor Dr. Armin U. Stylow.
Campanario, 8 de marzo (segundo jueves del mes) de 2021. Bartolomé Díaz Díaz.
DE PERSONAS Y LIBROS
Célebre es el dicho que se atribuye a un anciano de una tribu africana que se resume en la siguiente idea: “Cada vez que muere un viejo, desaparece una biblioteca”. Con las cautelas correspondientes, creo que es un pensamiento que puede aplicarse a cualquier contexto y entorno, en el tercer y en el primer mundo; en Melanesia y en Extremadura. Algunos antropólogos consideramos, incluso antes que fuera uno de los fundamentos de la UNESCO en relación con su concepción del Patrimonio Cultural Inmaterial, que nuestros libros, nuestras primeras fuentes de información son las personas, asumidas como sujetos y no tanto como objetos cosificados. En nuestro quehacer profesional durante el Trabajo de Campo Etnográfico, la interacción con la gente, la observación directa, sistemática y sobre acontecimientos relevantes, la conversación informal y las entrevistas previamente concertadas y realizadas posteriormente cara a cara son parte de las técnicas sur terrain que aplicamos y ponemos en escena para obtener información de primera mano. Por supuesto que no renunciamos a ninguna fuente de información que pueda ser útil a las investigaciones que llevamos a cabo: orales, audiovisuales, escritas (documentales e impresas), formales, informales, administrativas, institucionales, demográficas, económicas, cartográficas, etc.
Ni durante los estudios preuniversitarios, ni en la universidad fui el primero de la clase, salvo en materias puntuales que suscitaron en mí un gran atractivo. Mi interés por los libros, probablemente, tiene su origen en la nutrida biblioteca que mi padre tenía en casa. Y sin género de dudas deriva, asimismo, del valor que tanto él como mi abuelo paterno daban a la cultura. Mi padre, a pesar de haber sido militar, fue un hombre culto, lector impenitente que, en mi onomástica, en los cumpleaños y en otros momentos clave del ciclo anual solía regalarme algún libro o me sugería que comprara o leyera tales o cuales obras de los autores clásicos. En mi casa de origen, desde niño siempre oí hablar y vi en la biblioteca obras de Homero, Séneca, San Agustín, Cervantes, Maquiavelo, Erasmo de Rotterdam, Quevedo, Calderón de la Barca, Torres Villarroel, Balmes, la condesa D’Aulnoy, Goethe, Daniel Defoe, Gabriel D’Annuzio, Unamuno, Ángel Ganivet, Pio Baroja, Azorín, Valle Inclán, Gabriel y Galán, Reyes Huertas, Ortega, Luis Chamizo, Gregorio Marañón, Ramón J. Sender, Ernesto Giménez Caballero, Camilo J. Cela, Julián Marías, J. Antonio Vallejo Nájera; pero también ediciones de Kafka, Soren Kierkegaard, Rudyard Kipling, Albert Camus, Hemingway, Werner Keller…Si bien, las especialidades bibliográficas de mi padre fueron el arte, la historia y la guerra civil española. Con tal tradición familiar, desde que inicié los estudios universitarios adquirí la afición de la lectura invirtiendo un tiempo significativo en la consulta de bibliotecas generalistas, que con el transcurrir del tiempo y con la paulatina definición de mis gustos fui sustituyéndolas por las que custodiaban fondos más especializados y de referencia para mi formación futura. Poco a poco me interesé por las ciencias sociales, y en particular por la antropología social. De hecho, hoy cuento con una biblioteca de en torno a siete mil ejemplares. La mayoría de ellos son de temas antropológicos, etnológicos, etnográficos, sociológicos, americanistas, relativos a las culturas de los pueblos de la Península Ibérica, sobre cultura popular y tradicional; pero también poseo un fondo numeroso respecto a las realidades territoriales, culturales, sociales, lingüísticas y simbólicas de los extremeños. De manera que, aunque “jerárquicamente” los libros principales de los antropólogos son la personas; los libros impresos, así como los documentos manuscritos, son fundamentales en nuestra formación, para encontrar categorías comparativas y, en suma, para producir conocimiento. Pero, sobre todo, para disfrutar del sin par gozo que produce la lectura y la investigación.
Javier Marcos Arévalo
4-III-2021








