LUIS CHAMIZO Y SU MIAJÓN EN BUENOS AIRES.


Familia de Luis Chamizo. El autor en el centro. Foto Asociación Cultural Luis Chamizo. 


CENTENARIO DE “ EL MIAJÓN DE LOS CASTÚOS”


    Fue en julio de 1988, y lo tengo bien presente porque los septuagenarios recordamos con más claridad lo que vivimos hace treinta y tres años que lo que nos sucedió ayer. Estábamos en Buenos Aires, en una mañana de domingo fría y luminosa del invierno austral y el grupo de extremeños que formábamos parte de la expedición que volvía de Santiago de Chile donde había tenido lugar el III Encuentro de Educación y Comunicación organizado por Extremadura Enclave 92, decidimos visitar el mercadillo de San Telmo, en la plaza Dorrego, en pleno barrio porteño, donde los vendedores de antigüedades exhiben desde valiosas platerías y porcelanas hasta periódicos amarillentos y libros manoseados y añosos. Pues, como muy bien me recordaba hace pocas fechas mi amigo Esteban Cortijo, que me acompañaba en aquella ocasión, “ en un cajón de madera, entre publicaciones de la época peronista y libros de Evita”, me encontré la obra de Luis Chamizo, EL MIAJÓN DE LOS CASTÚOS, motivo de este artículo.

Mercado de San Telmo de Buenos Aires. Fotografía Blog Turisteando el Mundo. 1917

    Pero no solamente me encontré un ejemplar de esta obra, de los que hay miles, es que el ejemplar encontrado, encuadernado en tela y cartoné, era la primera edición argentina, publicada en Librería Hachette S.A. de Buenos Aires en 1941, veinte años después de su “ nacimiento” en España en 1921. En la última página sin numerar del libro se puede leer : “ Este libro se termino de imprimir  el día 1 de diciembre de 1941 en los Talleres Gráficos Rodríguez Giles, Rondeau 3068 Buenos Aires.

    Este apreciado ejemplar está numerado en mi Biblioteca de Temas y Autores Extremeños ( BITAEX ) con el dígito 609, y lo traigo a colación por estar celebrándose el centenario de su publicación.

    Chamizo supo cantar en esencia el vigor, la belleza y el espíritu de nuestra tierra y trasladarlo con esta primera edición argentina a la otra orilla del Atlántico, donde tantos y tantos recuerdos dejaron los extremeños de ese vigor, esfuerzo y sacrificio a partir del descubrimiento.

    Quede aquí, como sencillo homenaje a esta obra centenaria la anecdótica adquisición de un ejemplar que demuestra la expansión de la rapsodia extremeña allende los mares.





    Aquel domingo 24 de julio de 1988 tuve la agradable sorpresa de encontrarme con la obra más “castúa” de la bibliografía extremeña.


Francisco Valverde Luengo.

CORRESPONDENCIAS SOBRE LA MUERTE DE BARTOLOMÉ JOSÉ GALLARDO

 



            CORRESPONDENCIA SOBRE LA MUERTE DE BARTOLOMÉ JOSÉ GALLARDO.

Bartolomé Díaz Díaz.


   Pasados apenas quince días de la muerte del gran bibliógrafo extremeño en Alcoy, su sobrino Juan Antonio Gallardo Martín Rivero, recibe una misiva desde París, con fecha de 2 de octubre de 1852, firmada por José Segundo Florez, a la sazón director del “Eco de ambos mundos” y residente en la 13 rue Neuve Coquenard de la capital francesa.

   Solicita don José información biobibliográfica para anunciar el fallecimiento de don Bartolomé en el periódico que dirige. Para ello busca datos exactos, noticias de primera mano y, por este motivo, se dirige a su sobrino Juan Antonio sabedor de la gran relación que hubo entre tío y sobrino aunque, a veces, esta relación resultó bastante desilusionante para el primero. Textualmente el famoso periodista escribe:

   Mi querido amigo:

   Escribo a V. muy deprisa porque no quiero perder el correo de hoy. Mucho agradeceré a V. que a vuelta de correo me envíe una notita biográfica de su tío D. Bartolomé; pues en el nº del Eco de ambos mundos, que habrá de publicarse el 14 del actual, tengo que dar la necrología, y quisiera andar acertado. Para ello, nadie mejor que V. Si V. la escribe, y me la envía, tanto mejor; si no, la nota o apunte para mí.

            Suyo afectísimo amigo que le quiere y b.s.m. José Segundo Florez.

   

    Transcurridos seis días de la recepción de la anterior carta, Juan Antonio Gallardo contesta a don José Segundo Florez en los siguientes términos:

 

 Mi querido amigo: lo que V. me pide, no es cosa en que yo pueda complacerle como quisiera, a vuela pluma, porque es negocio para más despacio, y trabajo que me propongo yo hacer con todo el lleno de la información necesaria, al publicar las obras que de mi tío encontremos entre sus libros y papeles. Como quiera, diré a V. que mi tío nació de padres honrados, pero pobres, mis abuelos Juan Gallardo (labrador) y Ana Lucía Blanco, el día 13 de agosto de 1776 (año fatal para los de teati en España). Aprendió las primeras letras en su pueblo (Campanario) con el presbítero D. Manuel Méndez, sacerdote venerable por su piedad y virtudes evangélicas, y el latín con el preceptor don Francº Antonio de la Peña,(1) que también fueron mis maestros. Como pariente más cercano de los fundadores de una Capyª familiar, (2)  que por sus pingües rentas se conoce en mi pueblo con la denominación de la Grande, mis abuelos, siguiendo la corriente de aquellos tiempos; le dedicaron a la carrera eclesiástica y le mandaron a Salamanca, no sé en qué año, al lado y bajo el cuidado y dirección de nuestro deudo D. Juan de Valdivia, freire del hábito de Alcántara, con quien vivió algún tiempo, hasta que su genial sacudida y escuto le hizo romper con él, por no avenirse sus inclinaciones con las exigencias de aquel. De su resulta lo hubiese pasado mal, a no haber sido por el entrañable cariño que desde que le conoció hubo de profesarle el Dr. D. Juan María Herrera, Bibliotecario de aquella Universidad, con quien vivió la mayor parte del tiempo que estuvo en Salamanca, en donde muy temprano se hizo notable por su ingenio, instrucción y travesuras propias de su edad, sin haber vuelto a mi pueblo hasta el año de 1803 o cuatro al bautizo de mi hermana o de una prima mía (3).  Después regresó a Salamanca en donde fue oficial de la Contaduría de propios, por nombramiento que le dieron sin solicitarlo, hasta que en 1805, ó 6, a resultas de unos amoríos, riñó con el objeto de su amor y se fue a Madrid, y ganó por oposición la cátedra de Francés, de la Real Casa de Pajes, que sirvió hasta el aciago día dos de Mayo de 1808. Lo demás es público y no creo  que V. lo ignore. Su muerte ocurrió en Alcoy el día 14 de septiembre último a las seis y diez minutos de su tarde. Iba a enterrársele en una sepultura cualquiera, pero el sr. D. Antonio Ridaura, persona de lo más distinguido de aquella ciudad, socio de la casa de los Sres. Ridaura Hermanos, de aquel comercio, y hombre de principios liberales, le dio un nicho en el panteón de su familia para que le honrase, según sus propias palabras. En aquella ciudad le han prestado servicios muy generosos y extraordinarios los Sres. D. Ildefonso Martínez, médico de los Baños minero-medicinales de Bellús, junto a Játiva, amigo suyo, y D. Vicente Gisbert y D. Miguel Parera, jóvenes liberales que le conocieron solo cinco días antes de su fallecimiento. Ruego a V. que al hacer uso de estas noticias aproveche la ocasión para tributarles las más cordiales gracias a estos cuatro Sres. por su comportamiento, diciendo que sabe que yo y la familia del difunto jamás dejaremos de tributárselas: y mándeme V. el número del Eco de Ambos Mundos en que inserte su artículo. Sin tiempo para más, y con protesta de escribirle despacio más adelante, soy de V., amigo mío, afectísimo de todas veces q.b.s.m.= Juan Antonio Gallardo= Contaduría de Hacienda Pública de la provincia de Toledo.

   


   Desde Toledo, con fecha de 23 de octubre, nueva carta de Juan Antonio Gallardo a D. José Segundo Florez, contestando a la que debió recibir de éste el día 16 de este mismo mes y de la que no tenemos copia, pero sí disponemos de la transcripción de la remitida por Juan Antonio que, por su extensión, resumiremos y sólo transcribiremos en parte.

   Cuenta el sobrino de Gallardo como, después de abandonar la carrera eclesiástica, se dedicó al estudio de la medicina, obteniendo el grado de Bachiller, aunque nunca profesó. De sus primeras composiciones literarias donde destaca la Defensa de las poesías de Iglesias contra la calificación que de ellas hizo el Sto. Oficio… y mereció los honores de ser recogido por el tribunal de la fe, con tan extremada rigidez, que sólo se salvó un ejemplar que tomó mi difunto padre D. José Antonio Gallardo, hermano de mi tío, de los pliegos de capilla que éste le remitió de Salamanca según se iban imprimiendo; ejemplar que después recogió mi tío para regalársele a la Sra. Marquesa de Villafranca que deseaba tener una producción suya  que nadie tuviera, y a quien mi tío estaba por más de un concepto en la obligación de complacer de todo en todo, y no hemos podido volver a ver…

   También le menciona las traducciones del francés del Discurso Mr. Alibert sobre la conexión de la medicina con las ciencias físicas y morales; y después la de la Higiene del Dr. Pressavin. Narra cómo es nombrado Comisario de la División de vanguardia del ejército francés al retirarse de la guerra con Portugal, a fin de proveerla de los mantenimientos, bagajes, etc. a su tránsito por España, evitando todo género de vejaciones y disgustos entre las tropas y los pueblos…

   Después de contemplar los sucesos del 2 de Mayo en Madrid, marchó mi tío a Extremadura refiriendo en los pueblos de su tránsito con los más vivos colores los horrores de aquel día tan glorioso para nuestra patria, como afrentoso para las legiones francesas y encendiendo en los pechos de cuantos le oían, el fuego santo de la independencia y de la venganza. Con tan patriótica idea recorrió gran parte de la provincia de Extremadura, reuniéndose después con el Excmo. Sr. Dn. Gerónimo de Portocarrero –célebre conde del Montijo- a quién siguió constantemente en Extremadura, condado de Niebla, prova. de Sevilla y Serranía de Ronda en clase de amigo y de secretario íntimo hasta que en 1809 ó 10 se refugiaron a Gibraltar y de allí pasaron a Cádiz.

   En esta ciudad, sin que pueda asegurarlo, cree Juan Antonio que se dedicó a escribir en algunos periódicos políticos  que se publicaban. Por esta época escribió La apología de los palos  y alguna otra obra cuyos títulos le remite (4).  A continuación cuenta las consecuencias tan dramáticas para él tras la publicación de la ley sobre la libertad de imprenta. 

                                                Edición de 1838

   Promulgada como ley del Estado la Libertad de Imprenta, los primeros que de ella abusaron fueron los serviles, curas y frailes, por cuya excitación escribió, creo que un canónigo llamado Ayala, un librejo intitulado “Diccionario razonado manual para inteligencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España”, en el que el autor a vuelta de mil sandeces usaba bala roja contra las instituciones liberales y sus afectos defensores. Y creyendo estos de su deber hacer una defensa justa de sus principios a la vez que una crítica severa y punzante del Diccionario Manual, se acordaron de mi tío, que ya era Bibliotecario de las Cortes, como de la persona más competente para dar honrosa cima a tal empresa. Dijéronselo en una reunión a que asistieron los extremeños Muñoz Torrero, Calatrava (Dn. J.M.), Álvarez Guerra (Dn. Juan), el Dr. Dn. Juan Mª Herrera y algunos más que no recuerdo; y mi tío se excusó al principio, pero al fin cedió y se avino a escribir su “Diccionario crítico-burlesco del que se titula razonado y manual…”, con tal que se le apuntaran en los puntos dogmáticos el Sr. Muñoz Torrero con alguno que otro de los eclesiásticos liberales que a la sazón había en las Cortes, como jueces competentes en una materia en que él se reputaba completamente lego: prometiéronselo así, y escribió mi tío su Diccionario crítico-burlesco que le apuntó en lo dogmático Navas, diputado a Cortes y maestro que fue del malogrado Dn. Manuel Flores Calderón. Leyósele a los referidos extremeños y otros, para su censura y aprobación, antes de imprimirle, y todos aprobaron con entusiasmo cuanto contenía. Publicóse el Diccionario, y de sus resulltas se levantó tal polvareda que mi tío fue preso en el castillo de Sta. Catalina de Cádiz, en donde sin libros ni materiales de ningún género escribió su defensa, usando en ella de los escritos de los S.S. P.P. para quemar más a los serviles, curas y frailes, que dieron al Diccionario la interpretación que él quería, pero no la de sus palabras. Y a consecuencia de su defensa, que se imprimió, fue puesto en libertad, a pesar de la primera sentencia de la Junta de Censura.

   La Defensa  es un escrito grave y serio, que ha merecido siempre grandes elogios de todos los literatos competentes a quienes yo he oído hablar de ella hasta el punto de creer algunos que es lo mejor que mi tío ha escrito (5).  Al final de su intervención notará V. que dice “¡Cobardes¡ el que no tenga valor para defender la verdad y morir por ella, enfrente tiene la costa de África. Esto alude a los extremeños antes citados, quienes le incitaron a que escribiera el Diccionario, y en el público y en el seno de las Cortes se levantó la polvareda, no fueron siquiera para pronunciar en su defensa una sola palabra, y fue preciso que el diputado americano Mejía (6) (con quien por cierto estaba mi tío a la sazón torcido) saliese en su defensa, que hizo con tanto calor, que el Congreso decidió no haber lugar a tomar en consideración la proposición que hicieron los serviles para que, preso mi tío por un supuesto delito de imprenta, se le destituyese del cargo de Bibliotecario de las Cortes que ya desempeñaba fiel y cabalmente según no pudieron menos de confesar sus mismos enemigos políticos. Del diccionario llegó a tener mi tío once ejemplares de otras tantas ediciones distintas sin haber él hecho más que la primera. Continuó mi tío en Cádiz hasta que expulsadas de España las tropas francesas se trasladó el Gobierno a Madrid, adonde le siguió en el año de 1814 en que vuelto el Rey Fernando 7º de su cautiverio, y visto el aspecto que presentaban las cosas políticas y el riesgo que corrían los que profesaban ideas liberales, se marchó de Madrid a Campanario y de allí, con mil trabajos, a Portugal, y reunido en Lisboa con el Sr. Conde de Toreno (de quien siempre fue amigo y a quien siempre mereció los oficios de tal en el más alto grado, a pesar de no haber estado después conformes en política) se marcharon a Inglaterra.

   Allí permaneció dedicado a sus estudios literarios que le tuvieron en contacto con los literatos más eminentes de aquel país, y conspirando para el restablecimiento del Sistema representativo en España hasta que jurada y promulgada la Constitución el 7 de marzo de 1820, regresó, mediado ya el año, a su Patria. Llegado a Madrid, volvió a obtener su destino de Bibliotecario de las Cortes, que desempeño hasta que dejó de regir el sistema representativo, en 1823.

   Sigue informando de los sucesos que acontecen a don Bartolo en el transcurrir del tiempo: el asalto en Triana al barco que transportaba los equipajes de los diputados, de consecuencias tan nefastas para el tesoro bibliográfico que en varios baúles llevaba Gallardo. Estos hechos provocaron los reiterativos viajes del campanariense a Sevilla, a partir de esta fecha, en un intento, fallido la mayoría de las veces, de recuperar sus apreciados libros; los títulos de las obras nuevas dadas a la luz por el genial extremeño, su estancia confinado, cuando no preso en Castro del Río, en la misma cárcel que en su tiempo ocupó Cervantes.

   Jerónimo Gallardo y de Font, hijo de Juan Antonio, en los datos recopilados del proceso a Gallardo por el Diccionario, al final de la Comparación entre el Razonado Manual y éste, nos resume el proceder del gran bibliógrafo de Campanario:

   En el cerebro de Gallardo retozaba de continuo la musa juguetona y un poco maldiciente, que siglos atrás inspiró al gran Quevedo; en su corazón solo tenían cabida los sentimientos de la verdad y la belleza. Eterna dama de sus pensamientos fue la libertad; por ella luchó siempre, y a su defensa salió, atacando, sin reparar en quienes fueran sus enemigos, ni qué clase de armas esgrimían: a Gallardo le bastaban su erudición, cual ha habido pocas, y su desenvuelto gracejo; y como era un convencido, siempre luchó con ventaja, por más que su acendrado amor a la  libertad le costó muchos sinsabores, infinidad de persecuciones, grandes temporadas de cárcel  y doce años de emigración.

   Y todo eso lo sobrellevó con paciencia porque estimaba un deber sus sacrificios por la libertad civil y política de España.

                                            Cementerio de Alcoy

   Transcurrido un tiempo más que prudencial de los envíos a París, por parte de Juan Antonio, de los datos que sobre su tío Bartolomé consideró interesantes para su publicación, y colmada su paciencia por la prolongada espera de los deseados ejemplares de El eco de ambos mundos, que debían albergar, en su sección literaria, el trabajo sobre la vida y obra de Gallardo a cargo del corresponsal don José Segundo Florez, según había prometido; como  para el mes de abril de 1853 no habían llegado, Juan Antonio escribió al sr. Florez en términos que debieron soliviantarle según se puede adivinar  por la respuesta que, fechada en París el 19 de abril de 1853, de forma resumida nos informa:

   Mi querido amigo Gallardo. Buena filípica me lanza V. Cualquiera diría que tiene V. razón al oírle o al leerle. Sin embargo no la  tiene V. (permítame que se lo diga así), sino a medias; tiene V. la apariencia de la razón nada más. Vamos a cuentas: si V. conociera, amigo mío, las exigencias de esta clase de publicaciones, quincenales, para pueblos que tienen ya sus hábitos adquiridos, buenos o malos, tocante a la lectura europea, hábitos que no he formado yo, pero que no me es dado destruir de un voleo; antes bien, tengo precisión de sufrir sus consecuencias, porque para esto está aquí la concurrencia periodística que no me deja la libertad de obrar de otro modo, entonces, querido paisano, no trataría V. con esa crueldad propiamente gallarda. ¿No es verdad?.

   Cuando tuve el gusto de recibir sus preciosos apuntes y documentos, sabe V. que ocurrió lo de la proclamación del Imperio (7),  y después el casamiento, fiestas, etc., sucesos todos que hicieron necesario un aumento extraordinario en la parte política de noticias de Francia que nos obligaron a prescindir de la Sección Literaria  durante algunos meses. Pasó aquella bulla; y heme aquí con la Sección Litª. llena, por costumbre o por derecho consuetudinario, como dirían nuestros abogasnos, por ese maldito hábito del cual me quejo arriba. Un discurso académico de Olózaga, en dos números, la contestación de M. de la Rosa en el 3º; otro discurso de Lafuente en otros dos números y la contestación de Cabanilles en 3º y 6º, es decir, tres meses de Eco los dos académicos, aquí tienes la Sección ocupada. Dirá V. ¡cáspita! y es antes esa gente que D. Bartolomé? Y a fe mía que tiene V. razón en exclamar así; pero si bien cedo a V. la razón absoluta (que es la de mejor ley), yo me reservo la relativa que es la más fuerte por desgracia. Si siempre hubiéramos de hacer lo que debemos, lo que queremos, lo mejor… entonces parecería el mundo un reloj.[...] Los americanos quieren recibir siempre a todo trance los discursos de nuestros hombres o de nuestros nombres notables, sobre todo discursos aca démicos. A esto los han acostumbrado aquí, principalmente. La sección consagrada a ese género de trabajos es la literaria. Esto es natural, de aquí la precisión, la obligación de darlos y de darles en la Sección Litª. ¿Cuándo? Al momento que se reciben aquí; si es posible, íntegros en el primer número. ¿Por qué no aguardar? Porque el periódico gabacho que nos hace concurrencia no los dé a leer a los americanos antes que nosotros. Aquí tiene V. el motivo de la preferencia. Los artículos sobre Gallardo podían esperar porque estaban o parecían estar seguros en mi cajón. Mientras que los discursos de los académicos podían tomarnos una grande delantera en las columnas de nuestros rivales. Ahora ya es otra cosa. Lo que V. me dice me empeña en publicar el primer artículo sobre el tío en el número de Eco correspondiente al 30 de corriente; pues en el que hoy mismo ha salido a la luz va ya la contestación de Cabanilles a Fray Gerundio. Esta palabra la cumpliré; pues no me he afrancesado tanto com V. se figura, a punto de cambiar la gravedad extremeña por la ligereza de los galos…

   Le recuerda la prohibición de este periódico en España…, pero yo se le envío a mi padre, y le recibe. Algunos se pierden, serán abusos de empleados. Hago a V. esta advertencia porque pudiera faltar, no por abuso, he dicho mal si no por el cumplimiento de la real orden que le prohíbe. Solo a la tolerancia o a la incuria o falta de cuidado, debemos el hacer pasar algunos números que se reciben en Madrid, en Barcelona, en el Almendral, etc. 

   Esta advertencia de José Segundo Florez a Juan Antonio Gallardo debe estar motivada por la recomendación que le hace éste de que envíe algunos ejemplares a su hermano Diego Leonardo que ejerce como catedrático en Jerez de la Frontera.


BIBLIOGRAFÍA: Archivo de Don Luis Chacón Gallardo.

(1) El nombre del preceptor de gramática es Fernando Antonio de la Peña, nacido en La Coronada el 20 de octubre de 1754. Llegó a Campanario en 1786, donde ejerció hasta 1809, que sepamos. Gallardo, discípulo suyo, elogia su labor docente en más de una ocasión. Al señalar Juan Antonio como preceptor a Francisco Antonio de la Peña, nacido también en el vecino pueblo el 28 de diciembre de 1745, comete un error que extraña si, como dice, también fue discípulo suyo, cosa que ponemos en duda por haber nacido en 1806 y sólo contar con tres años de edad cuando don Fernando deja su labor docente. En cuanto a Don Manuel Méndez de Olivera, el maestro de Gallardo, fue el padre del sacerdote, coincidente en nombre y apellidos.

(2) En la Capilla del Sagrario, durante las recientes obras realizadas en la parroquia, se ha descubierto, entre otras cosas, una lápida recordatoria del enterramiento de la nieta de los fundadores de esta capellanía. Se puede ver el artículo que trata de ello en "Al aire 2015" de B. Díaz y F. Cruces.

(3) Efectivamente, Gallardo estuvo en Campanario el 21.10.1804, pues figura como padrino en el bautizo de Ana Petra, hija de su hermano José Antonio y de María del Carmen Martín Rivero. (Archivo parroquial de Campanario. Bautismos, 15, folio 37 recto)

(4) El Ayuntamiento de Campanario celebró la creación del Premio de Investigación Bibliográfica Humanística "Bartolomé José Gallardo" en octubre de 1998 y que se llevó a cabo su I Edición, publicando para ello "Apología de los palos" con un pequeño estudio preliminar de Alejandro Luis Iglesias, primer ganador del certamen.

(5) El ayuntamiento de Campanario publicó en 1980 un facsímil de la edición primera del Crítico burlesco de 1811 y en el mismo volumen se incluía la "Defensa" del autor, firmada en el castillo de Santa Catalina. El ejemplar para la edición me la cedieron gentilmente mis amigos Eduardo y Francisco de Córdoba Soriano.

(6) El diputado americano don José Mejías salió en defensa deGallardo, a pesar de algunas desavenencias entre ellos. Fue secundado por los demás diputados de ultramar que arrastraron en el voto a otros liberales y pararon así su destitución como Bibliotecario de Las Cortes.

(7) En Francia se conoce como Segundo Imperio la etapa de gobierno comprendida entre el 2.12.1852 a 1.9.1870 (batalla de Sedán), siendo emperador Napoleón III, que casó con la granadina Eugenia de Montijo el 30 de enero de 1853.




       NOTA: Esta colaboración en nuestro blog fue publicada en Noviembre de 2015 por el Fondo Cultural Valeria, el Ayuntamiento de Campanario, colección Cuadernos del Gallardo, e impreso en la Universidad Popular de Campanario en un folleto de 16 páginas en octava, de difusión gratuita. Papel offset de 90 gramos, una tinta.


OESTE GALLARDO

 



OESTE GALLARDO. Número 1

El día 29 de septiembre de 1994 aparecía  OESTE GALLARDO. La publicación creada por la UBEx, a través de un convenio con el Diario HOY de Badajoz, y financiada por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.
En el número explicábamos nuestra razón de ser, el porqué del nombre, las referencias a los “oestes” de Laín Entralgo, Pedro de Lorenzo, Bernardo Víctor Carande, Los Cuadernos del Oeste, Del Oeste ediciones … y la fortaleza de Bartolomé José Gallardo como “debelador del absolutismo y del invasor extranjero; de los inquisidores y de los papanatas frívolos; capaz de recorrer media Europa por localizar un viejo libro castellano… siendo el padre de la bibliofilia española”.
El empeño inicial fue “dar noticia literaria, primero y principalmente de Extremadura, pero también de Portugal y de los países latinoamericanos y, en lo que quepa, del ilimitado universo de las letras”.
Fue una publicación mensual, que duró el mismo tiempo que aguantaron las subvenciones económicas para hacer el ejemplar, que el periódico lo imprimiera y lo distribuyera con el número correspondiente.
En este primer número aparecen las obras de Ada Salas “Variaciones en blanco” (con la primera errata imprescindible en portada, llamándola Ada Sánchez) comentada por José Luis Bernal, y la presentación del libro de Almudena Grandes “Malena es un nombre de tango” con comentario de Juana Vázquez, una referencia estupenda del libro de Hugh Thomas “La conquista de México”, hecha por Rocío Sánchez Rubio, un poema de Antonio Sáez Delgado, otro de Susana Cabrera Rebato, una definición de bibliófilo de Matilde Muro y en portada la presentación de la novela de David Piñero Fuentes “Basadiga”, que en el interior tiene una preciosa entrevista de Manolo Pecellín. Además se hablaba de las publicaciones mensuales, de los fondos bibliográficos del pabellón de Extremadura en la Expo ’92 de Sevilla por Francisco Hipólito, y todo coordinado por Manuel Pecellín Lancharro, rezumaba emoción, ganas de trabajar, poner en valor nuestro potencial bibliográfico y de amor a los documentos y los libros, que hoy sigue impoluto.
Esta publicación del Oeste Gallardo, nuestra primera revista de bibliofilia lanzada a través de la prensa, es un ejemplo de puesta en valor de los principios renacentistas que ayudaron a la creación de la UBEx, sacar del oscurantismo el potencial intelectual de Extremadura en todos los tiempos, hacer hincapié en el valor de la historia de nuestra gente, y en él se publicaron artículos hoy difíciles de conseguir, pero de indudable valor para el estudio de nuestras letras. Opiniones de maestros desaparecidos, comentarios críticos de obras hoy muy buscadas y una última página que daba paso a la creación de autores que, con el paso del tiempo se han consagrado como imprescindibles en nuestras letras.
Iremos incorporando al blog alguno de esos textos hermosos, llenos de ímpetu y juventud.

Matilde Muro Castillo.



ARCHIVO DE CÁCERES A SALVO




UNA GRAN NOTICIA PARA EL PATRIMONIO DOCUMENTAL


Las autoridades competentes han renunciado al proyecto de traslado de documentos del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña y queremos felicitarles por esa decisión, que consideramos muy acertada. No sabemos si nuestras peticiones han influido en ese cambio, pero eso no importa. Lo verdaderamente importante es que los fondos, ese tesoro documental de siglos de existencia, van a seguir tranquilos y pueden ser consultados en un lugar que reúne las condiciones idóneas para su conservación.

    Quienes formamos parte de la sociedad civil, integrados en asociaciones que tienen por objeto la defensa del patrimonio artístico y documental, estamos obligados a manifestar nuestra opinión, colaborando así con quienes toman las decisiones, para que las conclusiones sean las más oportunas.

    En este caso, la Asociación de Archiveros de Extremadura dio la voz de alarma (que recogí en un artículo de “Plaza Mayor” en el diario HOY) y en la asociación “Torres de Cáceres” nos unimos a esta advertencia elaborando una nota de prensa que, aunque no ha sido publicada en su integridad, ha servido de apoyo para llegar al acuerdo que consideramos acertado. Reproduzco a continuación, para conocimiento de los bibliófilos el contenido íntegro de dicha nota:

    “La Asociación Cultural Torres de Cáceres, a través de su Junta Directiva, desea expresar su oposición al traslado del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña. La Asociación lo considera improcedente, inadecuado, innecesario e inoportuno. Por las siguientes razones:

- Según la Asociación de Archiveros de Extremadura, formada por quienes son técnicos especialistas en la materia, el lugar donde se encuentra es adecuado por el espacio de que dispone y las condiciones de temperatura y humedad que son necesarias para la conservación de estos documentos, de valor incalculable. Es improcedente el traslado.

- Así pues, sería necesario reproducir estas condiciones en el antiguo hospital, lo que supondría un desembolso importante para la adecuación de los espacios de destino. Es inadecuado el traslado.

- El desplazamiento tendría que ser realizado por una empresa especializada, lo cual implicaría un elevado coste material, y un riesgo de pérdida, deterioro o destrucción de valiosos e insustituibles documentos. Es arriesgado e innecesario el traslado.

- En las condiciones que estamos viviendo de la pandemia, con necesidades sociales y sanitarias urgentes e importantes, realizar este gasto es rotundamente inoportuno. 

    Si el Palacio de los Toledo-Moctezuma fue adaptado y ampliado, hace escasamente tres décadas, para custodiar, conservar y consultar una buena parte del patrimonio documental de la provincia de Cáceres y dicho edificio viene cumpliendo satisfactoriamente estas funciones, no se entiende que la Junta de Extremadura pretenda vaciarlo de este cometido. Desplazar el Archivo a un espacio que de momento no cumple en absoluto con las exigencias técnicas que requiere la delicada documentación histórica, ocasionando a su vez graves perjuicios temporales a sus usuarios, hace más incomprensible aún esta decisión de la Junta.

    Por consiguiente, solicitamos a las autoridades competentes que reconsideren este proyecto de traslado por el bien del patrimonio histórico de Cáceres y su provincia, cuya protección es uno de los fines principales de nuestra Asociación Torres de Cáceres”.

    Al final, creo que ha habido “razones de peso” para modificar la decisión, puesto que habría que reforzar las estructuras del antiguo hospital para que pudieran soportar el peso de los legajos.

    Como conclusión, queremos expresar nuestra disposición a seguir colaborando por el bien de nuestro patrimonio artístico y documental.

 Antonio Bueno Flores. 

Secretario de “Torres de Cáceres”


EN BUSCA DEL FUERO PERDIDO DE BADAJOZ



A la ciudad de Badajoz durante el S.XIII y el S.XIV se le otorgaron dos fueros para su ordenamiento jurídico: el Fuero breve emitido por Alfonso IX cerca de 1230 y el Fuero extenso, otorgado por Alfonso XI alrededor de 1320, obras esenciales para el conocimiento del origen de la ciudad en su época moderna, y hoy desgraciadamente perdidas. Se sabe, sin embargo, de su existencia real, aunque las fuentes que nos acercan a estos Fueros son siempre indirectas.

    Vicente Barrantes, en su Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, menciona el Fuero dado en Badajoz por Alfonso IX, del que parece ser existieron abundantes copias a mano escritas con caracteres góticos que él no vio. Afirma que Rodrigo Dosma tuvo un ejemplar, noticia confirmada por el propio Dosma en sus Discursos Patrios de la Ciudad de Badajoz. También menciona Barrantes la “Letra para el obispo de Badajoz, en la cual se declaran los fueros antiguos de Badajoz, escrita en Valladolid a 20 de Abril de 1526 por Fray Antonio de Guevara, predicador de Carlos V y obispo de Mondoñedo”. Esta carta dirigida al obispo de Badajoz, el innominado Jerónimo Suárez, explica la existencia de un fuero otorgado por Alfonso XI casi un siglo más tarde del primero, documento que Guevara afirma haber tenido y cuyo contenido copia en una de sus Epístolas familiares (Zaragoza, Pedro Bernuz, 1543). Rodrigo Dosma, a pesar de ser coetáneo de Guevara, nunca creyó en la existencia del Fuero de Alfonso XI que el Obispo afirmaba tener en su Biblioteca. Vicente Barrantes, sin embargo, considera que si hubiera sido una historia fingida, el escándalo en la época no habría pasado desapercibido a una persona como Dosma, y las noticias sobre su falsedad hubieran sido absolutamente claras.

    Se ha escrito mucho sobre esta epístola, y siempre se ha puesto en duda la existencia de este Fuero nunca antes mencionado por historiador alguno, pero nosotros, como Barrantes, creemos que existió realmente. Fuera como fuese el encuentro de Guevara con el códice, fue este un hallazgo prodigioso, y ahí radica el origen de nuestra búsqueda. Nuestro punto de partida fue la biblioteca de Antonio de Guevara. El obispo de Mondoñedo tenía su residencia habitual en el Convento de San Francisco, en Valladolid, y es allí donde tenía depositados sus libros. Tras su muerte dejó expreso deseo de que sus libros y papeles se conservasen en el Convento. Fue el guardián del convento, fray Juan de Guinea, quien se encargó de la distribución de los libros de Guevara; los libros y manuscritos pasaron a la biblioteca del convento, mientras que los documentos históricos fueron entregados al secretario de Carlos V, Francisco de Ledesma. Pero no todos los papeles de Guevara se encontraban en el convento en el momento de su muerte o, al menos, no es seguro que estuvieran. Algunos documentos estaban en la diócesis en Mondoñedo y es posible que se encontraran de camino hacia Valladolid cuando sorprendió la muerte a fray Antonio de Guevara. Estos papeles, referentes a la diócesis gallega en su mayor parte, quedaron en poder del hermano del obispo, don Hernando de Guevara, quien hizo un inventario de los mismos y se los entregó al nuevo obispo, don Diego de Soto.

    La biblioteca de Guevara en el convento de San Francisco pasó por muy diversos avatares a lo largo de su historia, hasta llegar al año 1836, cuando las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal afectaron de manera notable al patrimonio cultural y artístico eclesiástico. Los fondos del Convento de San Francisco pasaron al Colegio y Biblioteca de Santa Cruz de Valladolid. Los papeles del archivo procedentes del Convento de San Francisco pasaron al Archivo Histórico Nacional, a sección “Clero”.

    Hemos indagado, también infructuosamente, en la Chancillería de Valladolid, el Archivo de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional y dado el gran volumen de documentos que guardan (120 km de estantes), aún no hemos perdido la esperanza de encontrar alguno, o los dos Fueros que fueron otorgados a la ciudad de Badajoz en los siglos XIII y XIV, por ello, siempre por donde pasamos dejamos señales e hitos de la búsqueda.

(Resumen de la conferencia pronunciada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, dentro del ciclo “Apuntes para la Historia de Badajoz”).


Joaquín González Manzanares.


ALDABADA

 

ALDABADA

Ya rompía la primavera en Badajoz cuando se abrió la XI Feria del Libro auspiciada por el Ayuntamiento de la Ciudad. Bajo la responsabilidad del concejal delegado de Cultura, Hernán Cortés Villalobos, una treintena de casetas se abrieron en la Avenida de Huelva entre el 20 y el 27 de abril de 1991.
    No muchos libreros de Badajoz asistían por entonces a este evento, pero a la cabeza de ellos andaba el incansable Francisco Huertos, que en paz descanse, y al que tantas charlas y presentaciones de libros debo. Gracias, Paco, por todo.
    Vinieron a estar con nosotros mucha gente interesante, Carmen Martín Gaite, José Mª Guelbenzu, Almudena Grandes, Luis Landero, Jesús Delgado Valhondo, Manuel Pacheco…que justo el día del Libro, el 23, andaba recitando, en público, en defensa de los amenazados cedros de la Avenida de Fernando Calzadilla…
    Varias conferencias se programaron, en el Instituto Zurbarán, y algunos otros actos, entre ellos un grupo de poetas reunidos en homenaje a San Juan de la Cruz, Santiago Corchete, Manuel Pecellín, Rufino Félix, Pacheco, Robles Febré…
    Durante toda la Feria estuvo abierta, en la sede histórica, de la Real Sociedad Económica, una exposición sobre el Quijote, con fondos antiguos propios de esta Real Sociedad.
    En ese marco aparece programada una reunión de bibliófilos, para el último día, el 27 por la mañana, en el Hotel Zurbarán.
    Fue Carlos Doncel, compañero de la Económica –que la tierra te sea leve Carlos, gracias- quien me hizo llegar la convocatoria. Un elaborado pliego en el que un tal Joaquín González Manzanares convocaba a los amantes de los libros para hablar de nuestra pasión por la Bibliofilia Extremeña. Joaquín se había permitido proponer/invitar una serie de nombres y un punto 39 al que nos enganchamos otros…
    En la imagen de la convocatoria pueden ver, señalados con trazo grueso los asistentes y, anotados de puño y letra dos de los “acogidos” al capítulo 39…confío en no haber dejado a nadie atrás, ya que los apuntes fueron tomados in situ.
 

    Para mí fue algo extraordinario, poder estar cerca de tan buenos conocedores, gente del mundo de la empresa, el estudio o autores destacados…con una cosa clara en todos los asistentes que Extremadura tenía potencial para sacar adelante una Asociación de este tipo y que tenía materia patrimonial y literaria para darla a conocer y divulgar esta riqueza propia.
    La sede primera, de lo que dimos en llamar Asociación de Bibliófilos Extremeños, se asentó en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en la Biblioteca Histórica -¿Qué mejor sitio?- de la misma.
       No perdimos el contacto, y la labor de Joaquín, bien conocida que es, nos mantuvo con la ilusión permanente hasta la constitución como Asociación de pleno derecho.     Una nueva reunión, en nuestra temporal sede, el 14 de diciembre de ese 1991, sería el punto de partida oficial. Allí, don Julio Cienfuegos propondría el nombre UBEX, siguiendo el seudónimo “Un Bibliófilo Extremeño” de Rodríguez Moñino…
    Guardo de esta última reunión un par de diapositivas de los asistentes, no son afortunadas en calidad pero, al igual que aquella primera convocatoria representan para mí, treinta años después, el orgullo infinito de haber podido formar parte de esta aventura, de conocer, tratar y, en algún caso mantener lazos de amistad con gente extraordinaria del mundo de la cultura y la literatura. Y, desde luego, todo mi agradecimiento por la delicadeza en el trato y la deferencia con que me acogió y siempre me ha tratado Joaquín González Manzanares, bibliógrafo extremeño.
    Aquí seguimos, no tan activos en la UBEX como desearíamos, pero admirados de su labor y de lo conseguido: sus publicaciones, homenajes, facsímiles, conferencias y exposiciones, el Día del Bibliófilo, sus orientaciones y, sobre todo, el amor por la cultura extremeña y su puesta en valor. Gracias a todos por lo que aportáis al conocimiento de un pueblo como el extremeño, tan rico en Cultura que casi la desconoce…

Badajoz, 27 de abril de 2021

Álvaro Meléndez Teodoro.


LA BIBLIOTECA DE YUSTE RECUPERADA PARA EXTREMADURA.




Cantorales recuperados para Yuste. (Foto UBEx 2019).


La biblioteca monástica de Yuste, recuperada para Extremadura

El pasado 22 de marzo el periódico HOY anunció, y laUBEx se hizo eco de la noticia,  que la Junta de Extremadura  recibirá de fondos europeos 500.000€ para financiar los trabajos de inventariado, catalogación y digitalización del fondo bibliográfico que los monjes Jerónimos custodiaron en el Monasterio de Yuste, desde el año 1958 (Centenario del Emperador)  hasta el año 2010.

     Por problemas internos, prácticamente desaparece la Orden Jerónima en Yuste,  y los pocos que quedan se marchan con sus enseres al Monasterio del Parral en Segovia. La biblioteca monástica, integrada por unos 45.000 volúmenes, marcha a la sede madrileña de la Universidad Pontificia de Comillas, (con autorización de Patrimonio Nacional que gestiona el Monasterio y palacio de Carlos V desde 2004).

     Para su catalogación y digitalización buscaron el patrocinio del Banco de Santander, pero la crisis económica hace inviable el proyecto y la Junta de Extremadura, muy sensible con el patrimonio bibliográfico extremeño, recuperó para Yuste la Biblioteca Monástica en el verano de 2019. 



Acto de recepción de la biblioteca en Yuste. 18 Julio 2019. (Foto UBEx 2019).

    Estos fondos proceden de tres colecciones, según el diario HOY: la de la biblioteca monástica (unos 29.000 volúmenes), el denominado fondo antiguo (unos 600 libros), y por último, los 15.000 títulos, aproximadamente, que donó Vicente de Cadenas y Vicent. 

    De la Biblioteca del Monasterio no podemos opinar porque desconocemos su procedencia y desde cuando están en Yuste, pero del legado de Cadenas sabemos que fue reclamada su devolución, por los herederos de Cadenas a los monjes Jerónimos y a Patrimonio Nacional. La donación fue a una institución pública que representara la memoria de Carlos V, y a reclamación no prosperó. 

Vicente de Cadenas y Vicent (Madrid, 1915 -2005).

    Bibliófilo, falangista, tradicionalista y genealogista, desde muy joven participó en el aparato de difusión de Falange por mandato del propio José Antonio Primo de Rivera. Estuvo en Alemania e Italia para aprender las técnicas de propaganda de masas. Pasadas las guerras civil de España y la II guerra mundial, fundó la Asociación de Hidalgos, y desde ahí creó una serie de instituciones vinculadas con los estudios genealógicos como el Instituto “Salazar y Castro” (C.S.I.C.), y como órgano de difusión la revista Hidalguía, con periodicidad bimestral desde 1953, y editora de libros relacionados con la genealogía, las órdenes militares y fueros. 

    El propio Cadenas tiene la autoría de varias docenas de libros (quince de ellos dedicados a Carlos V). En la bibliografía de su primer libro “Saco de Roma de 1527 por el ejército de Carlos V “. Revista Hidalguía, 1974 de 435 páginas, llama la atención al afirmar contundentemente que toda la bibliografía está en la biblioteca del autor, con  más de 10.000 referencias  relacionadas con la influencia y presencia de España en Italia,  nos cuenta las vicisitudes y el largo camino que emprendió desde 1938 para estudiar la historia española en Italia, recorriendo y buscando por los archivos y libreros anticuarios de Italia, especialmente en Génova donde residía. 

    Incrementó su colección gracias a un librero de Nápoles que le ofreció un legado, de más de 3.000 folletos de otro bibliófilo fallecido al final del XIX. En plena II guerra mundial (1944), huyendo de las bombas, trasladó sus libros a un lugar más seguro “17 quintales embalados en grandes cajones” hasta la casa de unos primos de su futura mujer, en un pueblo perdido en los Apeninos toscanos, y en 1945 relata:  “lo que los alemanes habían respetado durante siete meses, los cultísimos yanquis lo desbarataron en su primer día de ocupación, abriendo los cajones, destruyendo y quemando libros y apropiándose de una parte de ellos.” La mayoría destruidos y otros vendidos a bibliotecas americanas, algunos ejemplares,  por casualidades de la vida, fueron posteriormente localizados, identificados y reclamados por su “ex libris”, pero no devueltos. Otros, por las gestiones diplomáticas del embajador de España en EEUU, le fueron indemnizados varios años después, como los más de 500 ejemplares adquiridos por la biblioteca de San Diego (California). 

    Como caballero define al librero anticuario de Florencia, que adquirió un lote para devolvérselo  al ver su conocido “ex libris” de la colección Cadenas. Perdió con la guerra europea tres cuartas partes de su biblioteca particular, pero sus conocimientos y pasión libresca, ahora imparable, le permitió reconstruir y ampliar considerablemente su biblioteca y  enviarla  a España “compuesta por 53 cajones y que forman en la actualidad  mi biblioteca sobre la denominación de España en Italia… a los que se unen cinco mil fotocopias de documentos, más de mil quinientas fotografías de retratos, y monumentos relacionados con el tema y unos veinticinco mil microfilms correspondientes a documentos italianos relativos a estos asuntos”.


Joaquín González Manzanares.