LAS DAMAS DE LA ECONÓMICA DE BADAJOZ.

 

LAS DAMAS DE LA ECONÓMICA DE BADAJOZ

Carmen Araya Iglesias 

Doctora en Historia del Arte, socia y miembro de 

la Junta Directiva de la R.S.E.E.A.P. de Badajoz.



Introducción.

Queremos, aunque en unos breves trazos, hablar de aquellas primeras mujeres que pisaron las salas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz. Nuestro compañerismo, convertido en honor nos hace rendirles el merecido tributo, pues en homenaje a ellas hoy les dirigimos estas palabras y nada mejor que recordar los versos de Carolina Coronado que, en 1852, decían así: 

“mas, al fin pájaros son 

que alas tienen, tienen viento. 

La mujer en su aflicción

¡ay! no tiene ni un acento,

 para llorar un momento 

los hierros de su prisión”.

De una forma muy lenta el despertar femenino, o al menos su voz, se hace notar en el panorama extremeño tanto en los sectores de las clases trabajadoras como en la mujer culta, resignada a no perder tiempo en instruirse y aceptar con fatalismo el papel que la sociedad le ha adjudicado como expresa Carolina Coronado. Sociedad que considera que si “aumentaban las profesoras disminuyen las madres”.

Demográficamente hablando según los estudios de Pilar Rodríguez (“Crisis y epidemias en Badajoz durante la segunda mitad del siglo XIX”. Dip. Badajoz, Badajoz, 1996) el número total de mujeres en 1857 sería alrededor de 9.219 frente a 11.930 varones. Según este estudio la ciudad de Badajoz sufrió un retroceso debido a una serie de factores negativos como el hambre, las guerras, las malas condiciones sanitarias y especialmente enfermedades infecciosas que se transformaban en epidemias, ascendiendo la mortalidad femenina hasta un 66%. Ello no fue obstáculo para que participaran en todos los conflictos sociales que la ciudad generaba, como demuestra López Casimiro (“Masonería y republicanismo en la Baja Extremadura”, Dip. Badajoz, 1992) quien recoge su presencia en las calles de Badajoz a finales de 1897 pidiendo pan frente al Gobierno Civil. O los de Isidoro Bohoyo (“Situación socieconómica y condiciones de vida en la provincia”, Universitas, Badajoz 1984) quien nos narra el recorrido de esta manifestación desde la estación del ferrocarril hasta las oficinas de la Administración de Consumos donde la violencia se hizo palpable al grito de “abajo los consumos, el pan a real”, acompañadas de sus hijos con ausencia de hombres, lo que exacerbó aún más los ánimos de estas mujeres que no querían seguir sosteniendo las guerras coloniales. Su consideración social y el ambiente de Badajoz en esos años está magníficamente retratado por Carolina Coronado en el estudio de Fernando Manso (“Carolina Coronado y su obra literaria”, Dip. Badajoz, 1992) quien al escribir a su maestro Hartzenbusch le dice: “Mi pueblo opone una vigorosa resistencia a toda innovación en las ocupaciones de las jóvenes, que después de terminar sus labores domésticas, deben retirarse a murmurar con sus amigas y no leer a libros que componen la juventud. La capital ha dado un paso más pero tan tímido y vacilante que sólo concede a las mujeres la lectura de algunas novelas”.

Pero cómo podían ser estas mujeres de Badajoz, según el estudio de A. Avilés (“La mujer de Badajoz”, Revista Extremadura, tomo XII, 1905) se diferencia de la castellana y la andaluza por un rasgo característico que es ante todo y sobre todo “mujer de su casa”, con respecto a sus caracteres físicos es “de regular estatura, proporcionada y esbelta, de agraciado rostro, pelo negro y abundante y ojos negros rasgados y expresivos”, no dejando de remarcarse los elementos de influencia árabe ensalzando su condición natural de bello sexo, llamada a influir poderosamente en el porvenir de España. Para terminar con “siempre habrá nobles varones donde haya tales mujeres”.



En cuanto a su formación educativa, aunque existió una enorme precariedad de escuelas y maestras, según Rodillo Cordero (“Datos para la historia escolar de Extremadura”, ERE, Mérida 1998) podemos saber que en las escuelas de niñas se impartían materias específicas como el Dibujo, Labores y Nociones de Higiene Doméstica. Para Felicidad Sánchez Pascua (“El Instituto de Segunda Enseñanza de Badajoz en el siglo XIX”, Dip. Badajoz 1985) gozó de prerrogativas distintas de las del varón, pero ello no impidió algunos nombres destacados en esta ciudad como el de Julia Carvallo y su dominio de la lengua francesa o el expediente de Amelia Fernández Arenas, o el primer título de Bachiller para Felisa Acedo Guerra que fue la única alumna que llegó a alcanzarlo en los primeros cincuenta años de vida del Instituto de Badajoz. No faltando maestras distinguidas como doña Carmen Brusedo, doña Walda Lucenqui y doña Soledad Hernández que llenaron las aulas de la Escuela Normal de Maestras, la única vía para la promoción cultural y profesional de la mujer. Algunas como doña Walda Lucenqui con una fuerte tarea reivindicadora de la formación intelectual y profesional de la mujer. O cómo olvidar a doña Ángeles Morán, directora de la Escuela Normal, galardonada por el Ateneo en 1914 por su obra “Nombres claros de Extremadura”. 

En cuanto a su presencia en las instituciones de carácter marcadamente masculino de la ciudad, podemos decir que tanto en el Liceo de Badajoz como en la Logia Masónica Pax Augusta y por supuesto en la Real Sociedad Económica, aunque escasa su presencia fue de un enorme fruto y contundencia. De nuevo Carolina Coronado aparece un 22 de noviembre de 1846 solicitando el ingreso como socias de mérito en el Liceo de Badajoz para doña Encarna Calero, doña Vicenta García, doña Joaquina Ruiz y doña Robustiana Armiño.

En el caso de la Logia Masónica hay que adentrarse en el contexto histórico de la época de la Restauración para poder entender su funcionamiento y sobre todo la presencia femenina dentro de ellas, para Víctor Fernández (“La Masonería en Extremadura”, Dip. Badajoz, 1989) se configuró en la región un modelo que va a permanecer estable, una sociedad agraria y ruralizada con un fuerte desequilibrio social, por un lado una potente oligarquía urbana y por otro las clases medias débiles con una gran masa de jornaleros y campesinos. Con este mosaico social la masonería tiene cabida dentro de la burguesía autóctona y descontenta, formada por abogados, profesores y militares que intentan formar una dura oposición frente a las personas más reaccionarias. La ciudad de Badajoz contará con dos logias, una la de Pax Augusta que durará de 1878 a 1892 y otra la de Caridad Masónica que sólo tendrá vigencia de 1888 a 1889. Desde sus filas el nuevo pensamiento progresista llegará hasta la Sociedad Económica y abrirá sin duda las puertas del mundo femenino. Sabemos que el taller de Pax Augusta se encontraba en la Ronda de Palmas nº10, segunda planta, y que todos los lunes a las ocho de la noche celebraba sus “tenidas”; entre sus miembros se encontraban funcionarios públicos, militares, obreros, propietarios, hasta un total de 101 miembros, existiendo la presencia de una sola mujer, Soledad Acedo López, propietaria casada y residente en Badajoz, siendo miembro activo entre 1889 y 1890 y su nombre simbólico fue “Alicia”. Asistía a las reuniones como un miembro más y fue aceptada siempre con toda normalidad. Sin duda desde la Logia Pax Augusta se va a mover toda la intelectualidad de la ciudad, ocupando la prensa, defendiendo el laicismo, el pensamiento krausista y un nuevo concepto del progreso y el bienestar. Miembros destacados regirán la vida de la Sociedad Económica imprimiendo en ella su sello de progreso y modernidad, como Federico Abarrategui, Loreto María Algora, Narciso Vázquez Lemus, Anselmo López, Rubén Landa y tantos otros de los que la historiografía pacense ha dado amplia cuenta en estudios de enorme relevancia como los de López Casimiro, Pecellín Lancharro, F. T. Pérez González, Pulido, etc. Su tarea dentro de la Sociedad Económica fue de amplia proyección y en el citado estudio de Víctor Fernández se da una amplia información de cada uno de estos nombres. Para nosotros sólo queremos constatar la relación de ambas instituciones y su influencia en el pensamiento ideológico de la sociedad pacense de esos años para fomentar, aunque escasa, la presencia femenina en sus sedes.

La Junta de Damas: Orígenes.

No es difícil imaginar después de estas breves pinceladas por el ambiente de la ciudad, la necesidad de crear un espacio totalmente femenino donde poder desarrollar las nuevas inquietudes que la sociedad pacense demandaba en este nuevo entramado. Sabemos que es en el seno de las Sociedades Económicas donde se propició el debate para la presencia femenina y en concreto en la Sociedad Matritense, en octubre de 1775, según se recoge en el trabajo de I. Morant, M. Ortega, A. Laurin y Pilar Pérez Cantó (“Historia de las mujeres en España y América Latina”, Tomo II, Cátedra, Madrid 2005). Aunque no se hace efectivo hasta 1786 cuando se incorporan las dos primeras damas doña María Isidra de Guzmán y la Duquesa de Osuna. Con un debate arduo y de tanta trascendencia que traspasó las fronteras españolas, llegando a Francia e Italia, teniendo una gran defensora como fue Josefa Amar quien planteó que había que “igualar a las mujeres con los hombres, de darles asiento en sus juntas y de conferir con ellos materias de gravedad, cosa que parece fuera de orden establecido e incluso extravagante”. Contando con grandes detractores como Francisco de Cabarrús quien “desconfía de las mujeres, de sus capacidades morales e intelectuales y le inquieta su influencia social”, por ello permitir que formaran parte de las sociedades económicas supondría sin duda una claudicación de los hombres. Sin duda un gran debate que incluso hoy día podría de algún modo continuar. Pero Josefa Amar, primera mujer admitida en la Sociedad Patriótica Aragonesa en 1782, se dejó oir en el magnífico “Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su actitud para el gobierno y otros cargos en que se emplea a los hombres” (“Ilustración y Educación”, Negrín Fajardo, Ed. Nacional, Madrid 1984). Consiguiendo que el 27 de agosto de 1787 se creara por Real Cédula una Junta de Damas de honor y mérito, separada y subordinada a la Sociedad Matritense. Se constituyó esta primera institución femenina con catorce damas, iniciando sus actuaciones y objetivos y desde ella recorreremos un largo camino hasta llegar a la fundación de la nuestra en 1888.




La experiencia de la Matritense caló muy hondo tanto en España como en la América colonial, cuyas Sociedades Económicas crearán bajo la directriz de la Junta de Damas las llamadas Escuelas Patrióticas o Escuelas de Barrio, cuyo objeto era proporcionar a las niñas rudimentos de fe católica, reglas de buenas costumbres, labores y tareas para el hogar así como el aprendizaje de las primeras letras. Podemos citar algunos ejemplos como el del Ayuntamiento de Méjico que en 1786 y bajo la influencia de la Sociedad Vascongada puso en marcha este proyecto, o el del Virreinato del Perú que en 1779 intentó crear una Escuela Patriótica de corte artesanal para la capacitación de las mujeres, siendo su órgano de expresión el periódico limeño “Mercurio Peruano” desde los años 1790 a 1795. Son ejemplos que nos llevan a entender el papel que desempeñaron las Sociedades Económicas en la educación femenina, a veces como lectoras de prensa, a veces como redactoras de periódicos y en otros casos como sujetos activos de sus ideales. Estas mujeres de las Juntas de Damas nos muestran su fuerte personalidad, sus proyectos intelectuales que fueron capaces de modificar decisiones políticas y sobre todo enfrentarse a los socios varones permitiendo muy lentamente la igualdad para poder romper las sociedades patriarcales.


Su breve historia.

Sabemos que la Sociedad Económica de Badajoz atendiendo al artículo 107 del Reglamento del año 1888, decidió crear la Junta de Damas según recogen Ildefonso Guillén y Carmen Riera (“El Archivo de la Sociedad Económica de Badajoz”, Centro de Estudios Extremeños, Badajoz 1988) dirigía en esos años la Económica don Rafael Trujillo, creando como era preceptivo una comisión que organizara y diera vida a la citada Junta de Damas. Estuvo formada por doña Cecilia de Trigo, doña Filomena Polo y doña Nicanora Sabater. Siendo la primera reunión el 10 de julio de 1889, aunque se sabe que, con anterioridad, en 1836 hubo un intento de creación para la protección de la Casa Cuna, expósitos y Escuela de Niñas, objetos de interés en este tipo de instituciones. Para conocer su funcionamiento y desarrollo fue necesario seguir las directrices del Reglamento de la Junta de Damas de la Matritense que era el primero y por tanto el que rigió la de Badajoz hasta la elaboración del suyo propio. Ha sido estudiado por Pilar Ríos y Ana Rueda (“Análisis de las normas jurídicas de la Junta de Damas”, Torre de los Lujanes, Madrid 1989), destacando que la Junta de Damas fue la primera institución totalmente femenina de incorporación de la mujer a la vida pública española, formaba parte de la Matritense como sección autónoma pero, en todo momento, dependiente. Desde sus inicios se percibió la necesidad de regirse por unas normas propias, las primeras ordenanzas fueron aprobadas en Aranjuez el 10 de abril de 1794 por Manuel Godoy. Los fines de estas Juntas de Damas se centran en fomentar la educación, mejorar las costumbres, incentivar el amor al trabajo y poder acabar con el lujo. Sólo las mujeres podrían conseguir estos fines. Se concebían tres clases de socias: “Numerarias”, “Supernumerarias” y “Correspondientes”, siendo la primera socia, como ya se ha citado, doña Josefa Amar, una personalidad de enorme relevancia tanto por sus ideas como por sus logros. Para poder pertenecer a la Junta de Damas era imprescindible demostrar una buena educación, conducta y tener instrucción, por lo que sólo un grupo social muy determinado podría acceder a ello, como cuota se asignó ciento sesenta reales de vellón al año. Los cargos directivos eran Presidenta, Secretaria y Censora y sólo podían participar aquellas que hubieran asistido como mínimo a doce sesiones en un año. Para ocupar la Presidencia se requerían unas condiciones: “ser persona afable, accesible, laboriosa con instrucción de arte e industria, libre de orgullo y que dominara las lenguas modernas”. Las reuniones solían ser los viernes por la tarde, dependiendo de la estación del año hacia las cuatro o hacia las seis de la tarde. Sólo los cargos directivos tenían asignados sus asientos: la Presidenta en el centro, flanqueada por la Secretaria, la Censora y a un nivel inferior la Vicepresidenta. Su funcionamiento era a través de comisiones que centraron en dos campos, uno las protectoras de oficio y otro las curadoras de las Escuelas Patrióticas.



Siguiendo este maravilloso ejemplo de la Junta de Damas de la Matritense en nuestra ciudad se puso en marcha un 10 de julio de 1889, según podemos leer en su Libro de Actas y en la documentación que sobre ella se conserva en el Archivo de la R.S.E.E.A.P. de Badajoz. El acta fundacional se firma en la ciudad de Badajoz :“A 10 de julio de mil ochocientos ochenta y nueve se reunían en la Sala de Sesiones de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, bajo la presidencia del Director de la misma, don Rafael Trujillo, y actuando de Secretario interino don Alberto Merino, y los socios que al margen se expresan”. Fue convocada por una comisión organizadora compuesta por las citadas doña Cecilia Trigo, doña Filomena Polo y doña Nicanora Sabater, que ocuparon como era preceptivo los tres sillones de la mesa. El citado señor Trujillo siendo las seis y media de la tarde expresó su agradecimiento y explicó el motivo de la reunión que era el poder constituir la Junta de Damas con arreglo al artículo 107 del Reglamento vigente de la Sociedad. Este tenía como misión principal: “promover obras de beneficencia y la educación e instrucción de la mujer”. También se le encomendó el establecimiento de una tienda-asilo que esta Sociedad Económica tenía previsto instalar en la ciudad. Todas las presentes antes citadas quedaron inscritas como socias de la Junta de Damas, añadiéndose posteriormente los nombres de doña Julia de Beaumont, doña Consuelo Martínez de Albarrán, doña Pilar Soriano de González y un largo etcétera, ya que al no estar presentes se adhirieron por medio de cartas a las que se dio cumplida lectura. Más adelante el citado señor Trujillo especificó que se había adquirido un ejemplar del Reglamento de la Junta de Damas de la Matritense para regirse provisionalmente hasta que se llevara a cabo un reglamento propio acomodado a las necesidades de esta localidad. Sin tiempo que perder se acordó crear la primera comisión para de forma interina formar la primera Junta de Gobierno, compuesta por doña Jerónima Martínez de Piñero, doña Concepción Navarrete, doña Filomena Lanot y doña Encarnación Trigo. La candidatura que presentó la comisión fue aceptada y nuestra primera Junta de Gobierno quedó configurada de la siguiente manera: “Presidenta, doña Cecilia Trigo, Vicepresidenta, doña Filomena Polo, Censora, doña Bernarda Tabeada, Vicecensora, doña Felisa Álvarez, Secretaria, doña Nicanora Sabater, Vicesecretaria, doña Pilar Vilafaina”.

Curiosamente su voz no tardó en escucharse y con gran firmeza y determinación hicieron constar en el acta que la interinidad fuera lo más breve posible y que para el mejor desarrollo de la idea la Sociedad Económica acordara el nombramiento definitivo de la Junta de Gobierno. Sin embargo, en el acta de la sesión del día 14 de julio de 1889 aparece una Junta de Gobierno diferente a la nombrada de forma interina quedando la Junta definitiva como así reza: “Presidenta, doña Amalia Ramos, Censora, doña Luisa Martín, Secretaria, doña Nicanora Sabater”.

Sabemos que su puesta en marcha se hizo en sesión celebrada el día 19 de julio de 1889, cuando la Presidenta, Censora y Secretaria se reunieron en la Sociedad Económica junto a los miembros de la comisión ejecutiva de la tienda-asilo para iniciar lo antes posible la instalación de un bazar benéfico en las próximas ferias de agosto. La organización de tal evento se haría creando diversas comisiones formadas por las señoras para conseguir el mayor número de objetos para dicho bazar. En total se crearon seis comisiones con cuatro miembros cada una, acompañadas por dos miembros de la tienda-asilo y por dos mozos que recogían los objetos de las donaciones por la ciudad. Al igual que en la Matritense o en las citadas de América Latina, estas Juntas de Damas estaban siempre bajo el cobijo y el asesoramiento de la Sociedad Económica donde el elemento masculino protegía las acciones de las damas pero en secciones autónomas aunque en todo momento dependientes. Entre la documentación que conserva el Archivo de la R.S.E.A.P. existe un borrador de lo que pudiera ser el futuro reglamento. En dicho borrador se puede leer un total de siete títulos: “Título I, artículo 1: La Junta de Damas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz contará con un número determinado de socias. Artículo 2: Promover obras benéficas. Artículo 7: Estarán exentas del pago de toda cuota. Artículo 8: Sus sesiones ordinarias serán la segunda quincena de cada mes. Artículo 19: Su voto será secreto y según su voluntad. Artículo 21: Que los oficios durarán dos años. Título IV, se dedica a la Presidencia. Título V, se dedica a la Censora”. Y posteriormente se puede leer el Título VII que se dedica a las Comisiones.

Pensamos que puede tratarse sin duda del borrador del Reglamento que la Junta de Damas quería elaborar partiendo del de la Matritense. Se puede apreciar que casi todo el borrador es similar y sólo presenta algunas excepciones. No sabemos si llegó a hacerse vigente pues no figura ni en el Libro de Actas ni en el resto de la documentación conservada alguna otra referencia. Con respecto al bazar de la tienda-asilo se conservan algunos documentos por los que podemos saber que se dividió en secciones y que el precio de cada papeleta fue de un real, estuvo instalado en el Teatro Principal con un total de 800 objetos que recaudaron 4.000 pesetas, se celebraron también certámenes gimnásticos y representaciones teatrales.


Junta de Damas, hermanas de la Caridad y autoridades en Madrid. Foto archivo ABC.

La pertenencia a la Junta de Damas se hacía constar en una serie de títulos expedidos por la Sociedad Económica, lo que confirma que cualquier documento tenía que ser refrendado por su Director, Secretario y Censor, así conocemos algunos fechados en julio de 1889. Igualmente se conservan algunos listados de la Junta de Damas firmados en junio del año 1900, figurando otra Junta Directiva que llegó a alcanzar un total de diecisiete socias. En este mismo año las actividades de la tienda-asilo se establecían dividiendo la ciudad según sus calles, así aparecen los nombres de las calles Vasco Núñez, Campo de San Juan, calle del Pozo, calle Larga, calle Granado, San Agustín, etc.

Entre sus acciones de ayuda y colaboración, la Junta de Damas tuvo siempre claro que su objetivo sería realizar obras de beneficencia que aliviaran la situación angustiosa de la clase pobre, por lo que su tarea se hizo presente en la recaudación de donativos para las víctimas de la guerra de África. Al igual que en otras empresas recibieron donativos importantes de las autoridades más relevantes de la ciudad que quedaron anotadas por su cuantía. Así podemos conocer la del Vizconde del Parque por un total de veinticinco pesetas, la del Delegado de Hacienda, de diez pesetas, la del General II del Distrito de Extremadura, la del Capitán General, la del Administrador de la Contribución de la provincia, donde además de constatarse el donativo de diez pesetas se especifica que ello dará derecho para ocupar un palco para la novillada a beneficio de la tienda-asilo que se celebrará en las ferias de la ciudad. Por todos estos documentos podemos saber que sus acciones eran rápidas en ejecución, teniendo como objetivo primordial de sus fines y compromisos la puesta en marcha de esa tienda-asilo que la Sociedad Económica les había encomendado. Siguiendo las experiencias ya realizadas en Madrid y Sevilla, el proyecto de la creación de la tienda-asilo se firmó el 12 de junio de 1889. Su tarea primordial consistía en una serie de comedores económicos que sirvieran de amparo a todos aquellos que estuvieran en situación de deterioro o bien a obreros en situación de paro. Dentro del proyecto tres fueron los principales puntos de debate: los recursos económicos, el solar y edificio donde ubicarse y los medios humanos para ponerlo en marcha.

En octubre de ese año se consiguió el solar para la tienda-asilo que se ubicó en la calle del Río, muy cerca del convento de Santa Ana, finalizando las obras en agosto de 1890. Se contó con un capital inicial de 6.000 pesetas y abrió sus puertas el 8 de septiembre de ese año, en pocos meses su volumen de comidas sobrepasaba las noventa mil raciones. Los precios del comedor oscilaban entre 0,10 y 0,05 pesetas, según los recursos económicos de cada persona. Su servicio y buen hacer tuvieron una larga historia que llegó a durar hasta catorce años, cerrando sus puertas definitivamente en septiembre de 1904. Contó a lo largo de estos catorce años con el apoyo directo de la Sociedad Económica y muy especialmente con el de la Junta de Damas que de alguna manera, como ya se ha citado, se creó para este fin, desarrollando en la ciudad sus bazares benéficos, sus novilladas y hasta bailes de máscaras. Contó con un boletín-revista bajo el título “La Prensa, órgano de caridad”, apareciendo su primer número el 12 de octubre de 1892 y con un magnífico trabajo que realizó Alberto Merino, su fundador, en el año 1890, donde se pueden conocer más ampliamente todos los pormenores de su historia y desarrollo.

Después de estos años no tenemos más noticias sobre la Junta de Damas lo que nos hace pensar que su labor había llegado a su fin o bien que los nuevos tiempos readaptaran sus objetivos hacia nuevos caminos. De suma importancia fueron sin duda todas las acciones iniciadas por ella.

Nos gustaría terminar con las palabras de Felicidad Sánchez Pascua que al hablar de la cultura en Badajoz agradecía a los Amigos del País “que propiciaron el que las mujeres desarrolláramos la otra belleza menos perecedera, la de la inteligencia que nos permite ocupar en pie de igualdad estos y otros foros”. 






LUIS CHAMIZO Y SU MIAJÓN EN BUENOS AIRES.


Familia de Luis Chamizo. El autor en el centro. Foto Asociación Cultural Luis Chamizo. 


CENTENARIO DE “ EL MIAJÓN DE LOS CASTÚOS”


    Fue en julio de 1988, y lo tengo bien presente porque los septuagenarios recordamos con más claridad lo que vivimos hace treinta y tres años que lo que nos sucedió ayer. Estábamos en Buenos Aires, en una mañana de domingo fría y luminosa del invierno austral y el grupo de extremeños que formábamos parte de la expedición que volvía de Santiago de Chile donde había tenido lugar el III Encuentro de Educación y Comunicación organizado por Extremadura Enclave 92, decidimos visitar el mercadillo de San Telmo, en la plaza Dorrego, en pleno barrio porteño, donde los vendedores de antigüedades exhiben desde valiosas platerías y porcelanas hasta periódicos amarillentos y libros manoseados y añosos. Pues, como muy bien me recordaba hace pocas fechas mi amigo Esteban Cortijo, que me acompañaba en aquella ocasión, “ en un cajón de madera, entre publicaciones de la época peronista y libros de Evita”, me encontré la obra de Luis Chamizo, EL MIAJÓN DE LOS CASTÚOS, motivo de este artículo.

Mercado de San Telmo de Buenos Aires. Fotografía Blog Turisteando el Mundo. 1917

    Pero no solamente me encontré un ejemplar de esta obra, de los que hay miles, es que el ejemplar encontrado, encuadernado en tela y cartoné, era la primera edición argentina, publicada en Librería Hachette S.A. de Buenos Aires en 1941, veinte años después de su “ nacimiento” en España en 1921. En la última página sin numerar del libro se puede leer : “ Este libro se termino de imprimir  el día 1 de diciembre de 1941 en los Talleres Gráficos Rodríguez Giles, Rondeau 3068 Buenos Aires.

    Este apreciado ejemplar está numerado en mi Biblioteca de Temas y Autores Extremeños ( BITAEX ) con el dígito 609, y lo traigo a colación por estar celebrándose el centenario de su publicación.

    Chamizo supo cantar en esencia el vigor, la belleza y el espíritu de nuestra tierra y trasladarlo con esta primera edición argentina a la otra orilla del Atlántico, donde tantos y tantos recuerdos dejaron los extremeños de ese vigor, esfuerzo y sacrificio a partir del descubrimiento.

    Quede aquí, como sencillo homenaje a esta obra centenaria la anecdótica adquisición de un ejemplar que demuestra la expansión de la rapsodia extremeña allende los mares.





    Aquel domingo 24 de julio de 1988 tuve la agradable sorpresa de encontrarme con la obra más “castúa” de la bibliografía extremeña.


Francisco Valverde Luengo.

CORRESPONDENCIAS SOBRE LA MUERTE DE BARTOLOMÉ JOSÉ GALLARDO

 



            CORRESPONDENCIA SOBRE LA MUERTE DE BARTOLOMÉ JOSÉ GALLARDO.

Bartolomé Díaz Díaz.


   Pasados apenas quince días de la muerte del gran bibliógrafo extremeño en Alcoy, su sobrino Juan Antonio Gallardo Martín Rivero, recibe una misiva desde París, con fecha de 2 de octubre de 1852, firmada por José Segundo Florez, a la sazón director del “Eco de ambos mundos” y residente en la 13 rue Neuve Coquenard de la capital francesa.

   Solicita don José información biobibliográfica para anunciar el fallecimiento de don Bartolomé en el periódico que dirige. Para ello busca datos exactos, noticias de primera mano y, por este motivo, se dirige a su sobrino Juan Antonio sabedor de la gran relación que hubo entre tío y sobrino aunque, a veces, esta relación resultó bastante desilusionante para el primero. Textualmente el famoso periodista escribe:

   Mi querido amigo:

   Escribo a V. muy deprisa porque no quiero perder el correo de hoy. Mucho agradeceré a V. que a vuelta de correo me envíe una notita biográfica de su tío D. Bartolomé; pues en el nº del Eco de ambos mundos, que habrá de publicarse el 14 del actual, tengo que dar la necrología, y quisiera andar acertado. Para ello, nadie mejor que V. Si V. la escribe, y me la envía, tanto mejor; si no, la nota o apunte para mí.

            Suyo afectísimo amigo que le quiere y b.s.m. José Segundo Florez.

   

    Transcurridos seis días de la recepción de la anterior carta, Juan Antonio Gallardo contesta a don José Segundo Florez en los siguientes términos:

 

 Mi querido amigo: lo que V. me pide, no es cosa en que yo pueda complacerle como quisiera, a vuela pluma, porque es negocio para más despacio, y trabajo que me propongo yo hacer con todo el lleno de la información necesaria, al publicar las obras que de mi tío encontremos entre sus libros y papeles. Como quiera, diré a V. que mi tío nació de padres honrados, pero pobres, mis abuelos Juan Gallardo (labrador) y Ana Lucía Blanco, el día 13 de agosto de 1776 (año fatal para los de teati en España). Aprendió las primeras letras en su pueblo (Campanario) con el presbítero D. Manuel Méndez, sacerdote venerable por su piedad y virtudes evangélicas, y el latín con el preceptor don Francº Antonio de la Peña,(1) que también fueron mis maestros. Como pariente más cercano de los fundadores de una Capyª familiar, (2)  que por sus pingües rentas se conoce en mi pueblo con la denominación de la Grande, mis abuelos, siguiendo la corriente de aquellos tiempos; le dedicaron a la carrera eclesiástica y le mandaron a Salamanca, no sé en qué año, al lado y bajo el cuidado y dirección de nuestro deudo D. Juan de Valdivia, freire del hábito de Alcántara, con quien vivió algún tiempo, hasta que su genial sacudida y escuto le hizo romper con él, por no avenirse sus inclinaciones con las exigencias de aquel. De su resulta lo hubiese pasado mal, a no haber sido por el entrañable cariño que desde que le conoció hubo de profesarle el Dr. D. Juan María Herrera, Bibliotecario de aquella Universidad, con quien vivió la mayor parte del tiempo que estuvo en Salamanca, en donde muy temprano se hizo notable por su ingenio, instrucción y travesuras propias de su edad, sin haber vuelto a mi pueblo hasta el año de 1803 o cuatro al bautizo de mi hermana o de una prima mía (3).  Después regresó a Salamanca en donde fue oficial de la Contaduría de propios, por nombramiento que le dieron sin solicitarlo, hasta que en 1805, ó 6, a resultas de unos amoríos, riñó con el objeto de su amor y se fue a Madrid, y ganó por oposición la cátedra de Francés, de la Real Casa de Pajes, que sirvió hasta el aciago día dos de Mayo de 1808. Lo demás es público y no creo  que V. lo ignore. Su muerte ocurrió en Alcoy el día 14 de septiembre último a las seis y diez minutos de su tarde. Iba a enterrársele en una sepultura cualquiera, pero el sr. D. Antonio Ridaura, persona de lo más distinguido de aquella ciudad, socio de la casa de los Sres. Ridaura Hermanos, de aquel comercio, y hombre de principios liberales, le dio un nicho en el panteón de su familia para que le honrase, según sus propias palabras. En aquella ciudad le han prestado servicios muy generosos y extraordinarios los Sres. D. Ildefonso Martínez, médico de los Baños minero-medicinales de Bellús, junto a Játiva, amigo suyo, y D. Vicente Gisbert y D. Miguel Parera, jóvenes liberales que le conocieron solo cinco días antes de su fallecimiento. Ruego a V. que al hacer uso de estas noticias aproveche la ocasión para tributarles las más cordiales gracias a estos cuatro Sres. por su comportamiento, diciendo que sabe que yo y la familia del difunto jamás dejaremos de tributárselas: y mándeme V. el número del Eco de Ambos Mundos en que inserte su artículo. Sin tiempo para más, y con protesta de escribirle despacio más adelante, soy de V., amigo mío, afectísimo de todas veces q.b.s.m.= Juan Antonio Gallardo= Contaduría de Hacienda Pública de la provincia de Toledo.

   


   Desde Toledo, con fecha de 23 de octubre, nueva carta de Juan Antonio Gallardo a D. José Segundo Florez, contestando a la que debió recibir de éste el día 16 de este mismo mes y de la que no tenemos copia, pero sí disponemos de la transcripción de la remitida por Juan Antonio que, por su extensión, resumiremos y sólo transcribiremos en parte.

   Cuenta el sobrino de Gallardo como, después de abandonar la carrera eclesiástica, se dedicó al estudio de la medicina, obteniendo el grado de Bachiller, aunque nunca profesó. De sus primeras composiciones literarias donde destaca la Defensa de las poesías de Iglesias contra la calificación que de ellas hizo el Sto. Oficio… y mereció los honores de ser recogido por el tribunal de la fe, con tan extremada rigidez, que sólo se salvó un ejemplar que tomó mi difunto padre D. José Antonio Gallardo, hermano de mi tío, de los pliegos de capilla que éste le remitió de Salamanca según se iban imprimiendo; ejemplar que después recogió mi tío para regalársele a la Sra. Marquesa de Villafranca que deseaba tener una producción suya  que nadie tuviera, y a quien mi tío estaba por más de un concepto en la obligación de complacer de todo en todo, y no hemos podido volver a ver…

   También le menciona las traducciones del francés del Discurso Mr. Alibert sobre la conexión de la medicina con las ciencias físicas y morales; y después la de la Higiene del Dr. Pressavin. Narra cómo es nombrado Comisario de la División de vanguardia del ejército francés al retirarse de la guerra con Portugal, a fin de proveerla de los mantenimientos, bagajes, etc. a su tránsito por España, evitando todo género de vejaciones y disgustos entre las tropas y los pueblos…

   Después de contemplar los sucesos del 2 de Mayo en Madrid, marchó mi tío a Extremadura refiriendo en los pueblos de su tránsito con los más vivos colores los horrores de aquel día tan glorioso para nuestra patria, como afrentoso para las legiones francesas y encendiendo en los pechos de cuantos le oían, el fuego santo de la independencia y de la venganza. Con tan patriótica idea recorrió gran parte de la provincia de Extremadura, reuniéndose después con el Excmo. Sr. Dn. Gerónimo de Portocarrero –célebre conde del Montijo- a quién siguió constantemente en Extremadura, condado de Niebla, prova. de Sevilla y Serranía de Ronda en clase de amigo y de secretario íntimo hasta que en 1809 ó 10 se refugiaron a Gibraltar y de allí pasaron a Cádiz.

   En esta ciudad, sin que pueda asegurarlo, cree Juan Antonio que se dedicó a escribir en algunos periódicos políticos  que se publicaban. Por esta época escribió La apología de los palos  y alguna otra obra cuyos títulos le remite (4).  A continuación cuenta las consecuencias tan dramáticas para él tras la publicación de la ley sobre la libertad de imprenta. 

                                                Edición de 1838

   Promulgada como ley del Estado la Libertad de Imprenta, los primeros que de ella abusaron fueron los serviles, curas y frailes, por cuya excitación escribió, creo que un canónigo llamado Ayala, un librejo intitulado “Diccionario razonado manual para inteligencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España”, en el que el autor a vuelta de mil sandeces usaba bala roja contra las instituciones liberales y sus afectos defensores. Y creyendo estos de su deber hacer una defensa justa de sus principios a la vez que una crítica severa y punzante del Diccionario Manual, se acordaron de mi tío, que ya era Bibliotecario de las Cortes, como de la persona más competente para dar honrosa cima a tal empresa. Dijéronselo en una reunión a que asistieron los extremeños Muñoz Torrero, Calatrava (Dn. J.M.), Álvarez Guerra (Dn. Juan), el Dr. Dn. Juan Mª Herrera y algunos más que no recuerdo; y mi tío se excusó al principio, pero al fin cedió y se avino a escribir su “Diccionario crítico-burlesco del que se titula razonado y manual…”, con tal que se le apuntaran en los puntos dogmáticos el Sr. Muñoz Torrero con alguno que otro de los eclesiásticos liberales que a la sazón había en las Cortes, como jueces competentes en una materia en que él se reputaba completamente lego: prometiéronselo así, y escribió mi tío su Diccionario crítico-burlesco que le apuntó en lo dogmático Navas, diputado a Cortes y maestro que fue del malogrado Dn. Manuel Flores Calderón. Leyósele a los referidos extremeños y otros, para su censura y aprobación, antes de imprimirle, y todos aprobaron con entusiasmo cuanto contenía. Publicóse el Diccionario, y de sus resulltas se levantó tal polvareda que mi tío fue preso en el castillo de Sta. Catalina de Cádiz, en donde sin libros ni materiales de ningún género escribió su defensa, usando en ella de los escritos de los S.S. P.P. para quemar más a los serviles, curas y frailes, que dieron al Diccionario la interpretación que él quería, pero no la de sus palabras. Y a consecuencia de su defensa, que se imprimió, fue puesto en libertad, a pesar de la primera sentencia de la Junta de Censura.

   La Defensa  es un escrito grave y serio, que ha merecido siempre grandes elogios de todos los literatos competentes a quienes yo he oído hablar de ella hasta el punto de creer algunos que es lo mejor que mi tío ha escrito (5).  Al final de su intervención notará V. que dice “¡Cobardes¡ el que no tenga valor para defender la verdad y morir por ella, enfrente tiene la costa de África. Esto alude a los extremeños antes citados, quienes le incitaron a que escribiera el Diccionario, y en el público y en el seno de las Cortes se levantó la polvareda, no fueron siquiera para pronunciar en su defensa una sola palabra, y fue preciso que el diputado americano Mejía (6) (con quien por cierto estaba mi tío a la sazón torcido) saliese en su defensa, que hizo con tanto calor, que el Congreso decidió no haber lugar a tomar en consideración la proposición que hicieron los serviles para que, preso mi tío por un supuesto delito de imprenta, se le destituyese del cargo de Bibliotecario de las Cortes que ya desempeñaba fiel y cabalmente según no pudieron menos de confesar sus mismos enemigos políticos. Del diccionario llegó a tener mi tío once ejemplares de otras tantas ediciones distintas sin haber él hecho más que la primera. Continuó mi tío en Cádiz hasta que expulsadas de España las tropas francesas se trasladó el Gobierno a Madrid, adonde le siguió en el año de 1814 en que vuelto el Rey Fernando 7º de su cautiverio, y visto el aspecto que presentaban las cosas políticas y el riesgo que corrían los que profesaban ideas liberales, se marchó de Madrid a Campanario y de allí, con mil trabajos, a Portugal, y reunido en Lisboa con el Sr. Conde de Toreno (de quien siempre fue amigo y a quien siempre mereció los oficios de tal en el más alto grado, a pesar de no haber estado después conformes en política) se marcharon a Inglaterra.

   Allí permaneció dedicado a sus estudios literarios que le tuvieron en contacto con los literatos más eminentes de aquel país, y conspirando para el restablecimiento del Sistema representativo en España hasta que jurada y promulgada la Constitución el 7 de marzo de 1820, regresó, mediado ya el año, a su Patria. Llegado a Madrid, volvió a obtener su destino de Bibliotecario de las Cortes, que desempeño hasta que dejó de regir el sistema representativo, en 1823.

   Sigue informando de los sucesos que acontecen a don Bartolo en el transcurrir del tiempo: el asalto en Triana al barco que transportaba los equipajes de los diputados, de consecuencias tan nefastas para el tesoro bibliográfico que en varios baúles llevaba Gallardo. Estos hechos provocaron los reiterativos viajes del campanariense a Sevilla, a partir de esta fecha, en un intento, fallido la mayoría de las veces, de recuperar sus apreciados libros; los títulos de las obras nuevas dadas a la luz por el genial extremeño, su estancia confinado, cuando no preso en Castro del Río, en la misma cárcel que en su tiempo ocupó Cervantes.

   Jerónimo Gallardo y de Font, hijo de Juan Antonio, en los datos recopilados del proceso a Gallardo por el Diccionario, al final de la Comparación entre el Razonado Manual y éste, nos resume el proceder del gran bibliógrafo de Campanario:

   En el cerebro de Gallardo retozaba de continuo la musa juguetona y un poco maldiciente, que siglos atrás inspiró al gran Quevedo; en su corazón solo tenían cabida los sentimientos de la verdad y la belleza. Eterna dama de sus pensamientos fue la libertad; por ella luchó siempre, y a su defensa salió, atacando, sin reparar en quienes fueran sus enemigos, ni qué clase de armas esgrimían: a Gallardo le bastaban su erudición, cual ha habido pocas, y su desenvuelto gracejo; y como era un convencido, siempre luchó con ventaja, por más que su acendrado amor a la  libertad le costó muchos sinsabores, infinidad de persecuciones, grandes temporadas de cárcel  y doce años de emigración.

   Y todo eso lo sobrellevó con paciencia porque estimaba un deber sus sacrificios por la libertad civil y política de España.

                                            Cementerio de Alcoy

   Transcurrido un tiempo más que prudencial de los envíos a París, por parte de Juan Antonio, de los datos que sobre su tío Bartolomé consideró interesantes para su publicación, y colmada su paciencia por la prolongada espera de los deseados ejemplares de El eco de ambos mundos, que debían albergar, en su sección literaria, el trabajo sobre la vida y obra de Gallardo a cargo del corresponsal don José Segundo Florez, según había prometido; como  para el mes de abril de 1853 no habían llegado, Juan Antonio escribió al sr. Florez en términos que debieron soliviantarle según se puede adivinar  por la respuesta que, fechada en París el 19 de abril de 1853, de forma resumida nos informa:

   Mi querido amigo Gallardo. Buena filípica me lanza V. Cualquiera diría que tiene V. razón al oírle o al leerle. Sin embargo no la  tiene V. (permítame que se lo diga así), sino a medias; tiene V. la apariencia de la razón nada más. Vamos a cuentas: si V. conociera, amigo mío, las exigencias de esta clase de publicaciones, quincenales, para pueblos que tienen ya sus hábitos adquiridos, buenos o malos, tocante a la lectura europea, hábitos que no he formado yo, pero que no me es dado destruir de un voleo; antes bien, tengo precisión de sufrir sus consecuencias, porque para esto está aquí la concurrencia periodística que no me deja la libertad de obrar de otro modo, entonces, querido paisano, no trataría V. con esa crueldad propiamente gallarda. ¿No es verdad?.

   Cuando tuve el gusto de recibir sus preciosos apuntes y documentos, sabe V. que ocurrió lo de la proclamación del Imperio (7),  y después el casamiento, fiestas, etc., sucesos todos que hicieron necesario un aumento extraordinario en la parte política de noticias de Francia que nos obligaron a prescindir de la Sección Literaria  durante algunos meses. Pasó aquella bulla; y heme aquí con la Sección Litª. llena, por costumbre o por derecho consuetudinario, como dirían nuestros abogasnos, por ese maldito hábito del cual me quejo arriba. Un discurso académico de Olózaga, en dos números, la contestación de M. de la Rosa en el 3º; otro discurso de Lafuente en otros dos números y la contestación de Cabanilles en 3º y 6º, es decir, tres meses de Eco los dos académicos, aquí tienes la Sección ocupada. Dirá V. ¡cáspita! y es antes esa gente que D. Bartolomé? Y a fe mía que tiene V. razón en exclamar así; pero si bien cedo a V. la razón absoluta (que es la de mejor ley), yo me reservo la relativa que es la más fuerte por desgracia. Si siempre hubiéramos de hacer lo que debemos, lo que queremos, lo mejor… entonces parecería el mundo un reloj.[...] Los americanos quieren recibir siempre a todo trance los discursos de nuestros hombres o de nuestros nombres notables, sobre todo discursos aca démicos. A esto los han acostumbrado aquí, principalmente. La sección consagrada a ese género de trabajos es la literaria. Esto es natural, de aquí la precisión, la obligación de darlos y de darles en la Sección Litª. ¿Cuándo? Al momento que se reciben aquí; si es posible, íntegros en el primer número. ¿Por qué no aguardar? Porque el periódico gabacho que nos hace concurrencia no los dé a leer a los americanos antes que nosotros. Aquí tiene V. el motivo de la preferencia. Los artículos sobre Gallardo podían esperar porque estaban o parecían estar seguros en mi cajón. Mientras que los discursos de los académicos podían tomarnos una grande delantera en las columnas de nuestros rivales. Ahora ya es otra cosa. Lo que V. me dice me empeña en publicar el primer artículo sobre el tío en el número de Eco correspondiente al 30 de corriente; pues en el que hoy mismo ha salido a la luz va ya la contestación de Cabanilles a Fray Gerundio. Esta palabra la cumpliré; pues no me he afrancesado tanto com V. se figura, a punto de cambiar la gravedad extremeña por la ligereza de los galos…

   Le recuerda la prohibición de este periódico en España…, pero yo se le envío a mi padre, y le recibe. Algunos se pierden, serán abusos de empleados. Hago a V. esta advertencia porque pudiera faltar, no por abuso, he dicho mal si no por el cumplimiento de la real orden que le prohíbe. Solo a la tolerancia o a la incuria o falta de cuidado, debemos el hacer pasar algunos números que se reciben en Madrid, en Barcelona, en el Almendral, etc. 

   Esta advertencia de José Segundo Florez a Juan Antonio Gallardo debe estar motivada por la recomendación que le hace éste de que envíe algunos ejemplares a su hermano Diego Leonardo que ejerce como catedrático en Jerez de la Frontera.


BIBLIOGRAFÍA: Archivo de Don Luis Chacón Gallardo.

(1) El nombre del preceptor de gramática es Fernando Antonio de la Peña, nacido en La Coronada el 20 de octubre de 1754. Llegó a Campanario en 1786, donde ejerció hasta 1809, que sepamos. Gallardo, discípulo suyo, elogia su labor docente en más de una ocasión. Al señalar Juan Antonio como preceptor a Francisco Antonio de la Peña, nacido también en el vecino pueblo el 28 de diciembre de 1745, comete un error que extraña si, como dice, también fue discípulo suyo, cosa que ponemos en duda por haber nacido en 1806 y sólo contar con tres años de edad cuando don Fernando deja su labor docente. En cuanto a Don Manuel Méndez de Olivera, el maestro de Gallardo, fue el padre del sacerdote, coincidente en nombre y apellidos.

(2) En la Capilla del Sagrario, durante las recientes obras realizadas en la parroquia, se ha descubierto, entre otras cosas, una lápida recordatoria del enterramiento de la nieta de los fundadores de esta capellanía. Se puede ver el artículo que trata de ello en "Al aire 2015" de B. Díaz y F. Cruces.

(3) Efectivamente, Gallardo estuvo en Campanario el 21.10.1804, pues figura como padrino en el bautizo de Ana Petra, hija de su hermano José Antonio y de María del Carmen Martín Rivero. (Archivo parroquial de Campanario. Bautismos, 15, folio 37 recto)

(4) El Ayuntamiento de Campanario celebró la creación del Premio de Investigación Bibliográfica Humanística "Bartolomé José Gallardo" en octubre de 1998 y que se llevó a cabo su I Edición, publicando para ello "Apología de los palos" con un pequeño estudio preliminar de Alejandro Luis Iglesias, primer ganador del certamen.

(5) El ayuntamiento de Campanario publicó en 1980 un facsímil de la edición primera del Crítico burlesco de 1811 y en el mismo volumen se incluía la "Defensa" del autor, firmada en el castillo de Santa Catalina. El ejemplar para la edición me la cedieron gentilmente mis amigos Eduardo y Francisco de Córdoba Soriano.

(6) El diputado americano don José Mejías salió en defensa deGallardo, a pesar de algunas desavenencias entre ellos. Fue secundado por los demás diputados de ultramar que arrastraron en el voto a otros liberales y pararon así su destitución como Bibliotecario de Las Cortes.

(7) En Francia se conoce como Segundo Imperio la etapa de gobierno comprendida entre el 2.12.1852 a 1.9.1870 (batalla de Sedán), siendo emperador Napoleón III, que casó con la granadina Eugenia de Montijo el 30 de enero de 1853.




       NOTA: Esta colaboración en nuestro blog fue publicada en Noviembre de 2015 por el Fondo Cultural Valeria, el Ayuntamiento de Campanario, colección Cuadernos del Gallardo, e impreso en la Universidad Popular de Campanario en un folleto de 16 páginas en octava, de difusión gratuita. Papel offset de 90 gramos, una tinta.


OESTE GALLARDO

 



OESTE GALLARDO. Número 1

El día 29 de septiembre de 1994 aparecía  OESTE GALLARDO. La publicación creada por la UBEx, a través de un convenio con el Diario HOY de Badajoz, y financiada por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.
En el número explicábamos nuestra razón de ser, el porqué del nombre, las referencias a los “oestes” de Laín Entralgo, Pedro de Lorenzo, Bernardo Víctor Carande, Los Cuadernos del Oeste, Del Oeste ediciones … y la fortaleza de Bartolomé José Gallardo como “debelador del absolutismo y del invasor extranjero; de los inquisidores y de los papanatas frívolos; capaz de recorrer media Europa por localizar un viejo libro castellano… siendo el padre de la bibliofilia española”.
El empeño inicial fue “dar noticia literaria, primero y principalmente de Extremadura, pero también de Portugal y de los países latinoamericanos y, en lo que quepa, del ilimitado universo de las letras”.
Fue una publicación mensual, que duró el mismo tiempo que aguantaron las subvenciones económicas para hacer el ejemplar, que el periódico lo imprimiera y lo distribuyera con el número correspondiente.
En este primer número aparecen las obras de Ada Salas “Variaciones en blanco” (con la primera errata imprescindible en portada, llamándola Ada Sánchez) comentada por José Luis Bernal, y la presentación del libro de Almudena Grandes “Malena es un nombre de tango” con comentario de Juana Vázquez, una referencia estupenda del libro de Hugh Thomas “La conquista de México”, hecha por Rocío Sánchez Rubio, un poema de Antonio Sáez Delgado, otro de Susana Cabrera Rebato, una definición de bibliófilo de Matilde Muro y en portada la presentación de la novela de David Piñero Fuentes “Basadiga”, que en el interior tiene una preciosa entrevista de Manolo Pecellín. Además se hablaba de las publicaciones mensuales, de los fondos bibliográficos del pabellón de Extremadura en la Expo ’92 de Sevilla por Francisco Hipólito, y todo coordinado por Manuel Pecellín Lancharro, rezumaba emoción, ganas de trabajar, poner en valor nuestro potencial bibliográfico y de amor a los documentos y los libros, que hoy sigue impoluto.
Esta publicación del Oeste Gallardo, nuestra primera revista de bibliofilia lanzada a través de la prensa, es un ejemplo de puesta en valor de los principios renacentistas que ayudaron a la creación de la UBEx, sacar del oscurantismo el potencial intelectual de Extremadura en todos los tiempos, hacer hincapié en el valor de la historia de nuestra gente, y en él se publicaron artículos hoy difíciles de conseguir, pero de indudable valor para el estudio de nuestras letras. Opiniones de maestros desaparecidos, comentarios críticos de obras hoy muy buscadas y una última página que daba paso a la creación de autores que, con el paso del tiempo se han consagrado como imprescindibles en nuestras letras.
Iremos incorporando al blog alguno de esos textos hermosos, llenos de ímpetu y juventud.

Matilde Muro Castillo.



ARCHIVO DE CÁCERES A SALVO




UNA GRAN NOTICIA PARA EL PATRIMONIO DOCUMENTAL


Las autoridades competentes han renunciado al proyecto de traslado de documentos del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña y queremos felicitarles por esa decisión, que consideramos muy acertada. No sabemos si nuestras peticiones han influido en ese cambio, pero eso no importa. Lo verdaderamente importante es que los fondos, ese tesoro documental de siglos de existencia, van a seguir tranquilos y pueden ser consultados en un lugar que reúne las condiciones idóneas para su conservación.

    Quienes formamos parte de la sociedad civil, integrados en asociaciones que tienen por objeto la defensa del patrimonio artístico y documental, estamos obligados a manifestar nuestra opinión, colaborando así con quienes toman las decisiones, para que las conclusiones sean las más oportunas.

    En este caso, la Asociación de Archiveros de Extremadura dio la voz de alarma (que recogí en un artículo de “Plaza Mayor” en el diario HOY) y en la asociación “Torres de Cáceres” nos unimos a esta advertencia elaborando una nota de prensa que, aunque no ha sido publicada en su integridad, ha servido de apoyo para llegar al acuerdo que consideramos acertado. Reproduzco a continuación, para conocimiento de los bibliófilos el contenido íntegro de dicha nota:

    “La Asociación Cultural Torres de Cáceres, a través de su Junta Directiva, desea expresar su oposición al traslado del Archivo Histórico Provincial al antiguo Hospital Nuestra Señora de la Montaña. La Asociación lo considera improcedente, inadecuado, innecesario e inoportuno. Por las siguientes razones:

- Según la Asociación de Archiveros de Extremadura, formada por quienes son técnicos especialistas en la materia, el lugar donde se encuentra es adecuado por el espacio de que dispone y las condiciones de temperatura y humedad que son necesarias para la conservación de estos documentos, de valor incalculable. Es improcedente el traslado.

- Así pues, sería necesario reproducir estas condiciones en el antiguo hospital, lo que supondría un desembolso importante para la adecuación de los espacios de destino. Es inadecuado el traslado.

- El desplazamiento tendría que ser realizado por una empresa especializada, lo cual implicaría un elevado coste material, y un riesgo de pérdida, deterioro o destrucción de valiosos e insustituibles documentos. Es arriesgado e innecesario el traslado.

- En las condiciones que estamos viviendo de la pandemia, con necesidades sociales y sanitarias urgentes e importantes, realizar este gasto es rotundamente inoportuno. 

    Si el Palacio de los Toledo-Moctezuma fue adaptado y ampliado, hace escasamente tres décadas, para custodiar, conservar y consultar una buena parte del patrimonio documental de la provincia de Cáceres y dicho edificio viene cumpliendo satisfactoriamente estas funciones, no se entiende que la Junta de Extremadura pretenda vaciarlo de este cometido. Desplazar el Archivo a un espacio que de momento no cumple en absoluto con las exigencias técnicas que requiere la delicada documentación histórica, ocasionando a su vez graves perjuicios temporales a sus usuarios, hace más incomprensible aún esta decisión de la Junta.

    Por consiguiente, solicitamos a las autoridades competentes que reconsideren este proyecto de traslado por el bien del patrimonio histórico de Cáceres y su provincia, cuya protección es uno de los fines principales de nuestra Asociación Torres de Cáceres”.

    Al final, creo que ha habido “razones de peso” para modificar la decisión, puesto que habría que reforzar las estructuras del antiguo hospital para que pudieran soportar el peso de los legajos.

    Como conclusión, queremos expresar nuestra disposición a seguir colaborando por el bien de nuestro patrimonio artístico y documental.

 Antonio Bueno Flores. 

Secretario de “Torres de Cáceres”


EN BUSCA DEL FUERO PERDIDO DE BADAJOZ



A la ciudad de Badajoz durante el S.XIII y el S.XIV se le otorgaron dos fueros para su ordenamiento jurídico: el Fuero breve emitido por Alfonso IX cerca de 1230 y el Fuero extenso, otorgado por Alfonso XI alrededor de 1320, obras esenciales para el conocimiento del origen de la ciudad en su época moderna, y hoy desgraciadamente perdidas. Se sabe, sin embargo, de su existencia real, aunque las fuentes que nos acercan a estos Fueros son siempre indirectas.

    Vicente Barrantes, en su Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, menciona el Fuero dado en Badajoz por Alfonso IX, del que parece ser existieron abundantes copias a mano escritas con caracteres góticos que él no vio. Afirma que Rodrigo Dosma tuvo un ejemplar, noticia confirmada por el propio Dosma en sus Discursos Patrios de la Ciudad de Badajoz. También menciona Barrantes la “Letra para el obispo de Badajoz, en la cual se declaran los fueros antiguos de Badajoz, escrita en Valladolid a 20 de Abril de 1526 por Fray Antonio de Guevara, predicador de Carlos V y obispo de Mondoñedo”. Esta carta dirigida al obispo de Badajoz, el innominado Jerónimo Suárez, explica la existencia de un fuero otorgado por Alfonso XI casi un siglo más tarde del primero, documento que Guevara afirma haber tenido y cuyo contenido copia en una de sus Epístolas familiares (Zaragoza, Pedro Bernuz, 1543). Rodrigo Dosma, a pesar de ser coetáneo de Guevara, nunca creyó en la existencia del Fuero de Alfonso XI que el Obispo afirmaba tener en su Biblioteca. Vicente Barrantes, sin embargo, considera que si hubiera sido una historia fingida, el escándalo en la época no habría pasado desapercibido a una persona como Dosma, y las noticias sobre su falsedad hubieran sido absolutamente claras.

    Se ha escrito mucho sobre esta epístola, y siempre se ha puesto en duda la existencia de este Fuero nunca antes mencionado por historiador alguno, pero nosotros, como Barrantes, creemos que existió realmente. Fuera como fuese el encuentro de Guevara con el códice, fue este un hallazgo prodigioso, y ahí radica el origen de nuestra búsqueda. Nuestro punto de partida fue la biblioteca de Antonio de Guevara. El obispo de Mondoñedo tenía su residencia habitual en el Convento de San Francisco, en Valladolid, y es allí donde tenía depositados sus libros. Tras su muerte dejó expreso deseo de que sus libros y papeles se conservasen en el Convento. Fue el guardián del convento, fray Juan de Guinea, quien se encargó de la distribución de los libros de Guevara; los libros y manuscritos pasaron a la biblioteca del convento, mientras que los documentos históricos fueron entregados al secretario de Carlos V, Francisco de Ledesma. Pero no todos los papeles de Guevara se encontraban en el convento en el momento de su muerte o, al menos, no es seguro que estuvieran. Algunos documentos estaban en la diócesis en Mondoñedo y es posible que se encontraran de camino hacia Valladolid cuando sorprendió la muerte a fray Antonio de Guevara. Estos papeles, referentes a la diócesis gallega en su mayor parte, quedaron en poder del hermano del obispo, don Hernando de Guevara, quien hizo un inventario de los mismos y se los entregó al nuevo obispo, don Diego de Soto.

    La biblioteca de Guevara en el convento de San Francisco pasó por muy diversos avatares a lo largo de su historia, hasta llegar al año 1836, cuando las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal afectaron de manera notable al patrimonio cultural y artístico eclesiástico. Los fondos del Convento de San Francisco pasaron al Colegio y Biblioteca de Santa Cruz de Valladolid. Los papeles del archivo procedentes del Convento de San Francisco pasaron al Archivo Histórico Nacional, a sección “Clero”.

    Hemos indagado, también infructuosamente, en la Chancillería de Valladolid, el Archivo de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional y dado el gran volumen de documentos que guardan (120 km de estantes), aún no hemos perdido la esperanza de encontrar alguno, o los dos Fueros que fueron otorgados a la ciudad de Badajoz en los siglos XIII y XIV, por ello, siempre por donde pasamos dejamos señales e hitos de la búsqueda.

(Resumen de la conferencia pronunciada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, dentro del ciclo “Apuntes para la Historia de Badajoz”).


Joaquín González Manzanares.


ALDABADA

 

ALDABADA

Ya rompía la primavera en Badajoz cuando se abrió la XI Feria del Libro auspiciada por el Ayuntamiento de la Ciudad. Bajo la responsabilidad del concejal delegado de Cultura, Hernán Cortés Villalobos, una treintena de casetas se abrieron en la Avenida de Huelva entre el 20 y el 27 de abril de 1991.
    No muchos libreros de Badajoz asistían por entonces a este evento, pero a la cabeza de ellos andaba el incansable Francisco Huertos, que en paz descanse, y al que tantas charlas y presentaciones de libros debo. Gracias, Paco, por todo.
    Vinieron a estar con nosotros mucha gente interesante, Carmen Martín Gaite, José Mª Guelbenzu, Almudena Grandes, Luis Landero, Jesús Delgado Valhondo, Manuel Pacheco…que justo el día del Libro, el 23, andaba recitando, en público, en defensa de los amenazados cedros de la Avenida de Fernando Calzadilla…
    Varias conferencias se programaron, en el Instituto Zurbarán, y algunos otros actos, entre ellos un grupo de poetas reunidos en homenaje a San Juan de la Cruz, Santiago Corchete, Manuel Pecellín, Rufino Félix, Pacheco, Robles Febré…
    Durante toda la Feria estuvo abierta, en la sede histórica, de la Real Sociedad Económica, una exposición sobre el Quijote, con fondos antiguos propios de esta Real Sociedad.
    En ese marco aparece programada una reunión de bibliófilos, para el último día, el 27 por la mañana, en el Hotel Zurbarán.
    Fue Carlos Doncel, compañero de la Económica –que la tierra te sea leve Carlos, gracias- quien me hizo llegar la convocatoria. Un elaborado pliego en el que un tal Joaquín González Manzanares convocaba a los amantes de los libros para hablar de nuestra pasión por la Bibliofilia Extremeña. Joaquín se había permitido proponer/invitar una serie de nombres y un punto 39 al que nos enganchamos otros…
    En la imagen de la convocatoria pueden ver, señalados con trazo grueso los asistentes y, anotados de puño y letra dos de los “acogidos” al capítulo 39…confío en no haber dejado a nadie atrás, ya que los apuntes fueron tomados in situ.
 

    Para mí fue algo extraordinario, poder estar cerca de tan buenos conocedores, gente del mundo de la empresa, el estudio o autores destacados…con una cosa clara en todos los asistentes que Extremadura tenía potencial para sacar adelante una Asociación de este tipo y que tenía materia patrimonial y literaria para darla a conocer y divulgar esta riqueza propia.
    La sede primera, de lo que dimos en llamar Asociación de Bibliófilos Extremeños, se asentó en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en la Biblioteca Histórica -¿Qué mejor sitio?- de la misma.
       No perdimos el contacto, y la labor de Joaquín, bien conocida que es, nos mantuvo con la ilusión permanente hasta la constitución como Asociación de pleno derecho.     Una nueva reunión, en nuestra temporal sede, el 14 de diciembre de ese 1991, sería el punto de partida oficial. Allí, don Julio Cienfuegos propondría el nombre UBEX, siguiendo el seudónimo “Un Bibliófilo Extremeño” de Rodríguez Moñino…
    Guardo de esta última reunión un par de diapositivas de los asistentes, no son afortunadas en calidad pero, al igual que aquella primera convocatoria representan para mí, treinta años después, el orgullo infinito de haber podido formar parte de esta aventura, de conocer, tratar y, en algún caso mantener lazos de amistad con gente extraordinaria del mundo de la cultura y la literatura. Y, desde luego, todo mi agradecimiento por la delicadeza en el trato y la deferencia con que me acogió y siempre me ha tratado Joaquín González Manzanares, bibliógrafo extremeño.
    Aquí seguimos, no tan activos en la UBEX como desearíamos, pero admirados de su labor y de lo conseguido: sus publicaciones, homenajes, facsímiles, conferencias y exposiciones, el Día del Bibliófilo, sus orientaciones y, sobre todo, el amor por la cultura extremeña y su puesta en valor. Gracias a todos por lo que aportáis al conocimiento de un pueblo como el extremeño, tan rico en Cultura que casi la desconoce…

Badajoz, 27 de abril de 2021

Álvaro Meléndez Teodoro.