EN BUSCA DEL FUERO PERDIDO DE BADAJOZ



A la ciudad de Badajoz durante el S.XIII y el S.XIV se le otorgaron dos fueros para su ordenamiento jurídico: el Fuero breve emitido por Alfonso IX cerca de 1230 y el Fuero extenso, otorgado por Alfonso XI alrededor de 1320, obras esenciales para el conocimiento del origen de la ciudad en su época moderna, y hoy desgraciadamente perdidas. Se sabe, sin embargo, de su existencia real, aunque las fuentes que nos acercan a estos Fueros son siempre indirectas.

    Vicente Barrantes, en su Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, menciona el Fuero dado en Badajoz por Alfonso IX, del que parece ser existieron abundantes copias a mano escritas con caracteres góticos que él no vio. Afirma que Rodrigo Dosma tuvo un ejemplar, noticia confirmada por el propio Dosma en sus Discursos Patrios de la Ciudad de Badajoz. También menciona Barrantes la “Letra para el obispo de Badajoz, en la cual se declaran los fueros antiguos de Badajoz, escrita en Valladolid a 20 de Abril de 1526 por Fray Antonio de Guevara, predicador de Carlos V y obispo de Mondoñedo”. Esta carta dirigida al obispo de Badajoz, el innominado Jerónimo Suárez, explica la existencia de un fuero otorgado por Alfonso XI casi un siglo más tarde del primero, documento que Guevara afirma haber tenido y cuyo contenido copia en una de sus Epístolas familiares (Zaragoza, Pedro Bernuz, 1543). Rodrigo Dosma, a pesar de ser coetáneo de Guevara, nunca creyó en la existencia del Fuero de Alfonso XI que el Obispo afirmaba tener en su Biblioteca. Vicente Barrantes, sin embargo, considera que si hubiera sido una historia fingida, el escándalo en la época no habría pasado desapercibido a una persona como Dosma, y las noticias sobre su falsedad hubieran sido absolutamente claras.

    Se ha escrito mucho sobre esta epístola, y siempre se ha puesto en duda la existencia de este Fuero nunca antes mencionado por historiador alguno, pero nosotros, como Barrantes, creemos que existió realmente. Fuera como fuese el encuentro de Guevara con el códice, fue este un hallazgo prodigioso, y ahí radica el origen de nuestra búsqueda. Nuestro punto de partida fue la biblioteca de Antonio de Guevara. El obispo de Mondoñedo tenía su residencia habitual en el Convento de San Francisco, en Valladolid, y es allí donde tenía depositados sus libros. Tras su muerte dejó expreso deseo de que sus libros y papeles se conservasen en el Convento. Fue el guardián del convento, fray Juan de Guinea, quien se encargó de la distribución de los libros de Guevara; los libros y manuscritos pasaron a la biblioteca del convento, mientras que los documentos históricos fueron entregados al secretario de Carlos V, Francisco de Ledesma. Pero no todos los papeles de Guevara se encontraban en el convento en el momento de su muerte o, al menos, no es seguro que estuvieran. Algunos documentos estaban en la diócesis en Mondoñedo y es posible que se encontraran de camino hacia Valladolid cuando sorprendió la muerte a fray Antonio de Guevara. Estos papeles, referentes a la diócesis gallega en su mayor parte, quedaron en poder del hermano del obispo, don Hernando de Guevara, quien hizo un inventario de los mismos y se los entregó al nuevo obispo, don Diego de Soto.

    La biblioteca de Guevara en el convento de San Francisco pasó por muy diversos avatares a lo largo de su historia, hasta llegar al año 1836, cuando las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal afectaron de manera notable al patrimonio cultural y artístico eclesiástico. Los fondos del Convento de San Francisco pasaron al Colegio y Biblioteca de Santa Cruz de Valladolid. Los papeles del archivo procedentes del Convento de San Francisco pasaron al Archivo Histórico Nacional, a sección “Clero”.

    Hemos indagado, también infructuosamente, en la Chancillería de Valladolid, el Archivo de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional y dado el gran volumen de documentos que guardan (120 km de estantes), aún no hemos perdido la esperanza de encontrar alguno, o los dos Fueros que fueron otorgados a la ciudad de Badajoz en los siglos XIII y XIV, por ello, siempre por donde pasamos dejamos señales e hitos de la búsqueda.

(Resumen de la conferencia pronunciada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, dentro del ciclo “Apuntes para la Historia de Badajoz”).


Joaquín González Manzanares.


No hay comentarios:

Publicar un comentario